viernes, 24 de mayo de 2013

El milagro para el clítoris

Hermanas, hermanos... Los milagros existen. Y se manifiestan en forma de falos vibradores tan perfectos que querrías ponerlos en la estantería de tu salón para que tus vecinas hagan cola y lo adoren (frotarse para que les dé suerte no ¿eh?). Aunque poco ibas a tardar en ponerlo a trabajar -¿A trabajar de qué? ¡Si no hay trabajo!- Para ellos sí, han venido de Suecia a quitárnoslo. Como ya todos sabemos por aquí (y si no no lo digáis), el equivalente al pene masculino... ¿es la vagina? No, no. Es el clítoris, nuestro órgano sexual por excelencia, chicas. Y amar a tu clítoris es tan importante como no perder a tus hijos en el parque.

domingo, 19 de mayo de 2013

Follo cuando quiero

No es verdad. Las mujeres no follamos siempre que queremos. Estoy harta de esta copla. Dos no follan si uno no quiere (excepto si hablamos de un trío y uno se raja). El sexo no se regala y si lo haces... malo, malo ¿No te enseñaron de pequeño a no coger caramelos regalados? Hoy en día no te dan gratis ni conversaciones. Si alguien te da algo es porque te lo has ganado (tú sabrás por qué).

viernes, 3 de mayo de 2013

Con una selva entre las piernas

Hace unos años, estuve con un chico que no se depilaba la entrepierna. Y a mí eso no me gustaba nada. Chupársela era como superar una prueba del programa Supervivientes. Un día le dije: "Mira, o te afeitas o no me vuelvo a meter tus huevos en la boca". Lo hizo. Y luego está el caso de una amiga a la que se le quedó un pelo púbico entre los dientes después de una sesión de sexo oral. Quedó tan traumatizada que no volvió a chuparla (bueeeeeeeeno, sólo en un tiempo).

viernes, 26 de abril de 2013

Dame pan y dime guarra

Hay una cosa que no soporto en la cama. El silencio. El silencio es para estudiar, pensar y descansar. Pero no para follar. Estar callado mientras tienes sexo es como quedar con una amiga para tomar un café y jugar a "silencio en la sala que el burro va a hablar...". Es absurdo. Si estoy follando con alguien y no le escucho, es como follar conmigo misma (hasta cuando me masturbo oigo mi respiración agitarse). Soy un poco charlatana entre las sábanas y hablar sola nunca me ha convencido.

viernes, 19 de abril de 2013

La hipocresía del luto

No ha muerto nadie. Haya paz. Cuando digo "luto", me refiero a ese tiempo de cortesía en el que uno mantiene el celibato por respeto a su expareja, ya sea el dejado o el que deja. Vamos, ese tiempo en el que uno no se folla a nadie porque no se le ha puesto la oportunidad delante. Me vas a decir tú a mí que si en tu periodo de luto viene Lenny Kravitz y te dice que te quiere empotrar le vas a decir que no ¡Ja! 

viernes, 12 de abril de 2013

¿Un 69? No, gracias

No me gusta el 69. Lo digo alto y claro. A pesar de ser la postura más explotada después del misionero (que no más usada). Ya sabéis que, para mí, el misionero está, por el contrario, infravalorado. Qué fantástico es tener a tu hombre encima de ti, empujándote con pasión, besándote, tocándote y apretándote contra su cuerpo, mientras tú puedes agarrarle bien el culo, arañarle la espalda, acariciarle los brazos o susurrarle al oído. Paro, que me desvío del tema.

viernes, 5 de abril de 2013

El vino es el mejor lubricante

El vino es el mejor lubricante. No os descubro nada nuevo, ¿verdad amigas y amigos? Pero soy joven e inexperta aún. Empecé hará un par de años por vinos blancos semidulces, que me ponían la cabeza como un bombo y la entrepierna como un bistec a la brasa. ¿Problema? Pasado el límite de copas (límite muy bajo en mi caso) no hay nada que rascar. Pongo el "modo zombi" on y ni lubricante ni polvo ni ganas me quedan. Después pasé a los vinos afrutados, pero más secos. Suben como el humo, y no te dejan el cuerpo como si hubieras sobrevivido a un tsunami. Estos me ponen a tope (también). Son como viagra, sufro una suerte de excitación que me convierte en un animal asilvestrado. El caballo de Atila, por ejemplo. Arraso con lo que se me ponga por delante.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Yo mando, tú obedeces


Le até los pies y las manos a los extremos de la cama. Cubrí sus ojos con un antifaz de seda negro y le arreé una bofetada en una mejilla. Gimió. Nos gusta ese juego. Le arañé el pecho y él dijo mi nombre sin poder disimular su profunda excitación. Yo le susurré el suyo suavemente en el oído. Recorrí con la punta de mi lengua su oreja derecha, llegué al cuello y al llegar a su esternón paré. Entre jadeos, me rogó que siguiera. -¡NO!- dije bien alto. Luchó contra las cuerdas, aunque bien sabía que no se iba a poder desatar. Y tampoco quería. Cuando su respiración se relajó, me lo pidió por favor. - Así, sí-, respondí. Tienes que obedecerme. Le acaricié el pecho y, pasando un dedo por sus abdominales, me excité muchísimo. Entonces acerqué mi boca a su piel y besé delicadamente cada parte de su torso.

viernes, 8 de marzo de 2013