viernes, 19 de febrero de 2010

Despertar de un sueño

Y mi sueño se desvanece. De repente despierto y pienso que sólo era un sueño. No, no… yo sé que ha sido real, yo sé que sí ha pasado, pero qué suave dolor supone perder la oportunidad de algo que ansiabas con todas tus fuerzas, que era tu ilusión y tu meta. Pierdo, pero gano. Se acaba, pero empieza. Y, aún así, me pregunto -¿Tendré la oportunidad otra vez? ¿Seré capaz de conseguir aquello que tiene un gran valor para mí?- Mi cabeza quiere hacerlo y quiero demostrarme a mí misma que YO SOLA PUEDO, pero mi corazón va por libre, hace lo que quiere, es un desobediente… tengo que educarlo.

martes, 16 de febrero de 2010

Vencer a Murphy

Dos de las Leyes de Murphy dicen:
-Cualquier cosa que pueda ir mal irá mal- y -Si una cosa puede ir mal, irá mal por triplicado-. ¡Y vaya! A veces qué razón tiene.
El otro día entré a una clase de spinning que da mi hermana y que mezcla con ejercicios de tonificación. Al bajarme de la bicicleta me di cuenta de que se me habían roto las mallas por la costura de la entrepierna y pensé -¡Qué mala suerte! Aunque menos mal que es spinning y la bici lo disimula…-. El caso es que la cosa se empezó a poner complicada con los ejercicios de tonificación: sentadillas con las piernas separadas y delante del espejo… ¡No sabía dónde meterme! Intenté disimular haciendo sentadillas con las piernas juntas, pero parecía una paleta… Seguidamente llegaron los ejercicios en colchoneta, los de –ponte a cuatro patas y sube la pierna en ángulo de 90º para hacer glúteo- y yo -¡Madre mía! Que se acabe ya la clase… - Y cuando pensé que la situación no podía ser peor (olvidándome de Murphy, ERROR) ¡¡¡caí en la cuenta de que encima llevaba tanga!!!
Para luchar un poco contra Murphy intenté reírme de la situación (en mi interior y, sobre todo, terminada la clase lo hice), pero al día siguiente renové rápidamente mi vestuario deportivo y entendí por qué la gente deportista se gasta 60€ en unas mallas de Nike. La verdad es que Murphy podría haber dedicado su esfuerzo a enunciar otro tipo de leyes, en vez de gastar su tiempo en estas que nos hacen vivir en tensión…

lunes, 15 de febrero de 2010

Experiencia única

En el libro que leo en la actualidad, una mezcla entre sociología y psicología femenina, he encontrado un párrafo que me ha llamado la atención y que quiero compartir. Robin Norwood, terapeuta, escuchó a un alcohólico en tratamiento lo siguiente: -Cuando bebía, me acostaba con muchas mujeres y básicamente tenía la misma experiencia muchas veces. Desde que estoy sobrio, sólo me acuesto con mi esposa, pero cada vez que estamos juntos es una experiencia nueva-.
¿No es interesante esta apreciación? Es uno de los comentarios más sinceros que he oído, y más valientes. Me parece una muestra de amor ser capaz de ver esto. Si lo pensamos, estoy segura de que casi todos os sentiréis identificados. Cada vez que hacemos el amor con la persona a la que amamos y nos ama a su vez vivimos una experiencia única e irrepetible, puesto que cada momento supone colocarnos a nosotros mismos el listón un poco más alto, esforzarnos (ambos) por sorprendernos mutuamente y que cada gota de placer sea máxima entre los dos.

jueves, 11 de febrero de 2010

De mundos diferentes

La Bella y la Bestia, Pocahontas y John Smith, La Sirenita y Eric, Cenicienta y el príncipe, Yasmín y Aladín… Los cuentos están plagados de historias de amor formadas por personas de mundos opuestos, pero ¿es así en la realidad? ¿Podría Cenicienta dejar a su madrastra e irse a vivir su historia de amor y pasión con su príncipe? Más aún ¿Podría Ariel desprenderse de su cola de pez y esperar a que Eric le ofreciese su corazón antes de que dejase de oler a pescadilla? No sé…

Según John Gray, doctor en psicología especializado en terapia de pareja, “Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus” (editorial Grijalbo mondadori). O sea, ya no somos de mundos diferentes, sino que partimos de ser de planetas diferentes… esto es alentador… pero si desde el inicio de los tiempos somos venusianas y marcianos, pues bueno, es como el europeo que se casa con una americana. Pero ¿Qué pasa cuando uno siempre es el sapo y otro siempre la princesa? ¿Cuál de los dos está en peor situación? El Sapo siempre se quejará de ser sapo y estará obsesionado con que llegue ese beso que le convierta en príncipe, pero la princesa tendrá que aguantar las continuas quejas del sapo y sus lloros por no ser príncipe

¿Qué es peor? Supongo que la situación ideal sería que el sapo asumiese que lo es y se quisiese a sí mismo como tal y que la princesa, aún así, le viese y quisiese como su príncipe. Pensadlo, todos podemos ser el sapo alguna vez.

martes, 9 de febrero de 2010

Sexo: Ponle sal a tu vida

El sexo mantiene vivas las relaciones. Es “la llama” de la que todo el mundo habla. El cariño, la confianza, la tranquilidad y otros conceptos son imprescindibles, no lo pongo en duda, pero para que una ensalada esté completa es necesario añadirle aceite, vinagre y sal. El sexo es la sal. Puedes echarle más o menos según tu tensión, pero un poquito siempre mejora el sabor.

Es posible que no se te den bien algunas materias de la relación, suspenderlas incluso, y cabe la opción de recuperar en septiembre. Pero si el sexo falla… habría que hacer muchos cuadernillos en verano para poder remendarlo y, aún así, sería comparable a cuando una persona de letras suspende las matemáticas: puede llegar a aprobarlas, pero nunca obtendrá un sobresaliente porque no las entiende, así es.

Habrá personas (por desgracia, principalmente mujeres) que digan que pueden vivir sin él. Me lo creo, pero a esas personas las animaría a añadir un poco de sal a sus vidas para comprobar que así ésta sabe mucho mejor. Hay que esforzarse en este campo tan placentero que es “cocinar”, no es cuestión ni de edad ni de género. ¿Cuántas veces oímos que es el mejor ejercicio que podemos hacer?

Dicen que la sal es mala para la tensión, pero a mí no me importa… tengo la tensión baja.

lunes, 8 de febrero de 2010

Rabia

Hoy me he acordado de ti. Sí. Y aún siento sólo rabia. Tú, que presumías de ser la mujer coraje ¿Me lo tengo que creer? Siento tanta rabia que gritaría. Normalmente, ni lo pienso, ni eso merece. Pero mi sangre es cálida, no fría como el hielo, y al final la sangre es sangre. Pienso en ti y siento nostalgia. Y me da más rabia y quiero gritar otra vez, todavía más alto. Pero es que de verdad no lo merece, me intento convencer de ello diariamente. No es justo, pero sé a ciencia cierta que es lo que hay, no me engaño. Y siento aún más rabia. Tu comportamiento reprochable del que incluso nos llegamos a sorprender ¡Fíjate qué ingenuidad la nuestra! Aprendimos a aceptarte tal como eres y, aún así, no ha sido suficiente ni lo será nunca. Siento mucha rabia y me duele otra vez, pero tú tranquila, no sufras, dejaré de sentirla. Tú, que eres la fuente de donde un día nació el agua. Tú, que no mereces ni tu nombre. Y me da rabia.

viernes, 5 de febrero de 2010

Creer en uno mismo

Hoy se me ha encendido la bombilla. Bien pensada, la idea resulta bastante evidente, pero que me perdonen aquellos que gozan del don de saberlo todo.

Durante varias semanas ha rondado a mi alrededor un halo de desánimo y miedo que no entendía muy bien. Hoy he descubierto que mi mayor temor era decepcionarme a mí misma, llegar a tener la sensación de “no puedo con esto”.

Siempre me ha parecido que me importaba demasiado lo que otros pensasen de mí (me refiero a la gente de mi alrededor), pero hoy he llegado a la conclusión de que lo que en realidad me preocupaba era descubrir que lo que pensasen de mí (negativo) podía ser cierto. Soy inmensamente desconfiada, pero nunca lo he sido conmigo misma. Y no quiero serlo.

Son muchas las personas que temen decepcionar a alguien, a los demás, que temen romper la imagen que durante años han creado como el que construye una armadura. Sin embargo, ¿no será que esa armadura que construimos es lo que queremos y creemos que no podemos ser? ¿qué nos hace pensar que no podemos? Ese temor no es a decepcionar a lo ajeno, sino a decepcionarnos a nosotros mismos, que se traduce en la peor de las decepciones. En un mundo en el que reina la desconfianza como primer valor, si uno no confía en sí mismo ¿quién lo hará?

Leí ayer en la camiseta Adidas de un señor de unos 70 años que estaba en el gimnasio: “Imposible is nothing”. Debemos creer en nosotros mismos, doy fe.

miércoles, 3 de febrero de 2010

La impaciencia también mato al gato

Todas las ideas se mezclan en mi pluma y no sé cómo empezar a escribirlas... creo que tengo que aprender a racionar y jerarquizar ¿Será que soy ansiosa e impaciente?

He llevado a cabo una autoevaluación de mi mundo interior y he hecho grandes descubrimientos. El problema es ¿cómo se puede conseguir cambiar aquellas cosas que no nos gustan de nosotros mismos, las que nos hacen más daño que bien? ¿Se puede? Los míos dicen que el primer paso es saber cuáles son, reconocerlas, pero ¿Y después?

Sin duda soy una persona impaciente, pero a veces la impaciencia y la falta de empatía obtienen unos resultados antónimos a aquello que nos habíamos propuesto como meta.

martes, 2 de febrero de 2010

Post de inauguración

¡Por fin tengo blog!

Los comienzos de cada año traen consigo multitud de metas por cumplir: me voy a poner a dieta y voy a apuntarme al gimnasio, se cuentan entre las más famosas que se hace la gente.

Yo me he propuesto ir al gym, como todos los años, y ya he empezado (con mucha fuerza, como siempre). Otra de mis propuestas era no empezar a estudiar para los exámenes de mayo en mayo, sino llevarlo al día (meta muy frecuente también). Hacer limpieza de armario es otra. Pero la que, sin duda, más me ilusionaba era crear mi blog.

Y aquí está, después de casi seis meses buscándole un nombre idóneo (gracias a dios no soy tan lenta para todo) que me han servido para confirmar que la indecisión es una de mis más llamativas cualidades.