martes, 6 de abril de 2010

Fetichismo taconil

La RAE aplica al término “fetichismo” tres significados: 1. m. Culto de los fetiches. 2. m. Idolatría, veneración excesiva. 3. m. Psicol. Desviación sexual que consiste en fijar alguna parte del cuerpo humano o alguna prenda relacionada con él como objeto de la excitación y el deseo. Y al término “fetiche”: 1. m. Ídolo u objeto de culto al que se atribuye poderes sobrenaturales, especialmente entre los pueblos primitivos.
Todos me valen. Yo soy fetichista. Idolatro y venero de forma excesiva a los zapatos de tacón. Y también les atribuyo poderes sobrenaturales.
A veces, cuando estoy en mi casa aburrida de estudiar o triste por algo, me dedico a probarme mis cerca de 100 pares de zapatos. Me los pongo y estudio con ellos o, si estoy sola, me muevo por casa con ellos puestos. Los miro y siento un cosquilleo de placer. Sí, casi se podría decir que siento placer sexual al probarme zapatos de tacón. No creo que pudiese llegar a tener un orgasmo mirándome los pies, pero quien sabe, no sería tan difícil. Es como la gente que ama el chocolate. Los tacones son mi chocolate.
También me gusta entrar en las tiendas y probármelos. Cuanto más tacón, mejor. Al sentir como mi pie se introduce dentro de esa cavidad reservada especialmente para él (él es mi pie), siento placer. Directamente mi gesto cambia. Probarme zapatos es una buenísima terapia. Ya no digo comprártelos. Esa sería la mejor terapia. Compraría zapatos todos los días. Pero no me caben en mi habitación… y aseguro que tengo el espacio aprovechado al máximo.
Me obsesionan tanto los zapatos que si alguna vez me pruebo uno que me enloquece y no me lo compro, no puedo dormir esa noche pensando en ese par de zapatos de mis sueños. Siempre hay algún zapato de mis sueños. Y cuando lo consigo, automáticamente otro par de zapatos ocupa el puesto del anterior. Mis amigas se ríen mucho cuando cuento esto. Pero esta vez no exagero, es cierto al 100%.
Cuando digo que un zapato de tacón tiene poderes sobrenaturales me refiero a que cambia la visión que tenemos de nosotros mismos y la que percibimos de los demás (solo aplicable a quienes compartan esta obsesión por los tacones). Me explico, yo no soy la misma persona con tacones que sin ellos. No lo soy, lo prometo. Cuando llevo tacones soy una versión más altiva y más segura de mi misma. Es mágico. Pero me ocurre así. Encima de unos tacones me crezco (nunca mejor dicho). Los tacones influyen psicológicamente en mí. Si un día mi estado de ánimo está a punto de agotar su batería, ésta se recarga automáticamente al subirme en unos zapatos de tacón.
Amo los zapatos. Amo mis zapatos. Los cuido, los toco, los acaricio, huelo la piel de la que están formados, los saco a pasear, los hablo (-Sois preciosos…-). ¿Estaré loca?

2 comentarios:

  1. ¡Qué grandes verdades! y hay marcas que ya te hacen sentir super-heroina!

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  2. Yo zapatos de tacón no tengo porque soy un chico, jeje. Pero te gano en número de pares de zapatos, tengo botas de todos los gustos, sandalias para dar y tomar, Converse de todos los colores y estampados, playeras de todos los sabores y una pared de mi habitación que parece una boutique con estanterías ocupadas por botas, sombreros, cajas con gafas de sol, cinturones y bolsos aplastados los unos contra los otros. Los complementos son un fetiche, hay que reconocerlo, y sobretodo los zapatos, y sobretodo en mi caso las botas, y no puedo esperar para comprarme los naúticos azules, con cordones rojos, vamos, que voy a ir esta tarde a por ellos porque no me aguanto más.
    Mentira que no tengo zapatos de tacón, tengo unos negros que me compré en Zara que me compré precisamente por fetiche sexual, y... los usé dos veces. Y me corro más feliz cuando follo desnudo pero con las converse puestas, me vuelvo loco, y cuando te chupan las botas es es es....
    (Creo que me estoy pasando)

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