sábado, 31 de julio de 2010

Ineptos

Una de las características humanas que más fastidio me causa es la ineptitud. Odio la ineptitud. Pero existe algo peor, que es dejar campar a sus anchas a aquellos que se rigen por este maldito adjetivo. Y algo peor aún, cuando además, las consecuencias de la ineptitud recaen en los demás de forma constante.

¿Pero que está pasando en este mundo? ¿Cómo funcionan las cosas? Beneficiamos a los ineptos y puteamos a los capacitados. Sí señor, así parece que es como, por desgracia, ocurren las cosas en muchas ocasiones. A la vista está. Luego nos quejamos, eso que no falte nunca, de que las cosas no vayan bien ¿Pero cómo podrían hacerlo? Para que algo vaya bien se necesita a personas capacitadas y con interés en tirar del carro, porque por arte de magia no va a ser.

Pero es que sigo insistiendo, ¿Por qué estamos creando un mundo de tontos e incapacitados, de tramposos y mentirosos, de graciosillos sin gracia, de personajes de poca monta que ni se esfuerzan ni tienen interés en hacerlo? Y encima, cuando hay tanta gente dejándose la piel para ser alguien algún día.

No puedo cambiar el mundo (para mi gran desgracia), pero puedo hablar sobre mi visión de éste. Mejor eso que nada ¿no?

martes, 27 de julio de 2010

¿Por qué me atrae una persona que sé que no es buena?

Este diálogo de la película The Holiday es para todas las que, en algún momento, nos hemos sentido así y hemos creído que el dolor que sentíamos era único. No lo es. Si se hacen pelis y todo...:
¿Por qué me atrae una persona que sé que no es buena? (...) Porque esperas estar equivocado y cada vez que él comete un error, no haces caso. Y cuando se porta bien contigo y te sorprende vuelve a conquistarte y acabas descartando la idea de que no te conviene. (...) Sé que es difícil creer en la gente que dice saber cómo te sientes, pero en mi caso, realmente lo sé. (...) Estuve saliendo con una persona (...) y un día me enteré de que salía con otra chica (...). Resultó que él no estaba tan enamorado de mí como yo creía. (...) Entiendo lo que es sentirse el ser más pequeño e insignificante y patético de la humanidad, lo que es sentir dolor en partes del cuerpo que ni siquiera sabías que tenías. Y da igual cuantas veces te cambies de peinado o a cuantos gimnasios te apuntes (...) porque sigues repasando todas las noches los detalles y preguntándote qué hiciste mal o qué pudiste malinterpretar. Y cómo puñetas en ese breve instante pudiste pensar que eras tan feliz. A veces incluso logras convencerte de que él verá la luz y se presentará en tu puerta. Y después de todo eso, y aunque esa situación dure mucho tiempo, vas a un lugar nuevo y conoces a gente que te hace recuperar tu amor propio y vas reconstruyendo tu alma pedazo a pedazo. Y toda esa época difusa, esos años que (...) has malgastado, empieza por fin a desvanacerse.

lunes, 26 de julio de 2010

Una pizca asocial

Como vengo diciendo, me considero una persona ligeramente asocial. La gente se rie cuando, en un ataque de sinceridad, reconozco esta realidad. Pero me explico: Cuando digo "asocial" me refiero a "no tendente a buscar nuevos colegas o a reunirme con grandes grupos (no amigos)". Más bien soy fiel a mis amigos de confianza. Es ahí donde me siento cómoda, donde puedo ser plenamente yo y donde más me divierto ¿qué hay de malo? ¿soy muy rarita?

Una vez hecha esta pequeña introducción al término "asocial", tengo que añadir que últimamente me estoy conviertiendo en una experta en huir de las conversaciones forzadas. Odio esas típicas conversaciones de ascensor, o esos segundos por cumplir cuando te cruzas en la piscina o en el portal. Esos momentos en los que se puede palpar el pánico al silencio incómodo del emisor.

Sin embargo, resulta que mi puesto de trabajo parece pedir a gritos conversación. Pero yo, que soy muy espabilada, he aprendido a despistarla como el maestro que esquiva una patada de capoeira. Después de mi -Hola, buenos días/tardes- y antes de que al interlocutor le de tiempo a recuperar el aliento tras su respuesta, yo, como un rayo, dirijo la mirada a otro lugar, como si estuviese haciendo un trabajo que requiriese mi absoluta concentración. esta estrategia falla en ocasiones, y entonces tengo que escuchar resignada a mujeres que no soportan a sus maridos, a abuelitos que van al baile o que han sufrido una cagalera nocturna, a madres que hacen rehabilitación y demás historias interesantes. Hay veces, para ser sincera, que tampoco viene mal un poco (UN POCO) de conversación... ¿pero cómo distinguir previamente lo que será una breve conversación de paso de un consultorio? Entonces, hay que aprender a intuirlo y evitarlo, al igual que evito las conversaciones forzadas en el ascensor, fingiendo buscar algo importante en mi bolso, acto realmente típico, casi tan evidente que debería plantearme optar por iniciar una conversaciónforzadadeascensor (todo junto).

lunes, 19 de julio de 2010

Vivieron felices para siempre

Cuando era pequeña, entendía los matrimonios como un príncipe y una princesa que se enamoraban y se casaban otorgando un final feliz al cuento. Ningún autor escribía después sobre la vida matrimonial entre Felipe y Aurora (La Bella Durmiente), Eric y Ariel (La Sirenita) o Cenicienta y su príncipe. Y como no nos hablan de ello y lo rematan con un "Vivieron felices para siempre", las niñas más soñadoras, que siempre quisimos ser princesas de cuento con vestidos largos, tiaras y zapatos de cristal, tenemos una idea del matrimonio acorde con lo que durante nuestra infancia vimos en los cuentos e idealizamos. Yo siempre quise ser Yasmín... tan morena y sexy con esos tops enseñando el ombligo... Y tener a un Aladín que me llevaría a pasear por las nubes con una alfombra voladora.

Esa era mi inocente idea del matrimonio. Pero de repente, tengo 23 años y, aunque no soy Yasmín, sigo queriendo mi final de cuento. Pero escucho a muchas mujeres casadas que hablan tan mal de sus príncipes que es para las potenciales princesas soñadoras como un despertar a bofetones. Yo, con esa mágica idea idealizada del amor, con esa fe en el "Vivieron felices para siempre"... Pero cómo iba a saber mi yo infantil que es posible que Cenicienta siguiera limpiando su palacio mientras el príncipe llegaba cansado después de reinar. O qué Blancanieves tendría que cuidar, sin ayuda, a sus propios Siete Enanitos... Claro, esas cosas no vienen en los cuentos porque si no ninguna niña soñaría con ser princesa y despertar con un beso de su príncipe. Preferirían optar por ser madres solteras.

Pero me niego a aceptar lo que otras mujeres dicen. El matrimonio da igual, pero yo quiero mi propio final de cuento, mi "vivieron felices y comieron perdices". Tengo la sensación de que para que esto ocurra, el príncipe y la princesa deben estar deacuerdo  en querer un final feliz y esforzarse por conseguirlo. Juntos saltar los baches y agarrarse en las pronunciadas curvas. Es mi teoría oye, aunque al fin y al cabo ¿yo que sabré?

martes, 13 de julio de 2010

Amor independiente

"Uno de los efectos del enamoramiento loco y obcecado es que anula los sentidos para percibir lo que acontece a tu alrededor. Corta al ras la sensibilidad, la capacidad para la percepción. Te obliga a concentrar tanto la atención en un ser único que te aisla del resto del universo, te aprisiona dentro de una coraza y te mantiene al margen de otras realidades aunque éstas transcurran a dos palmos de tu cara". (Dueñas, María. El Tiempo entre costuras, 2009).

El mayor porcentaje de víctimas de este enamoramiento, que más bien podría considerarse una enfermedad por la intensidad y el dolor que genera a veces, son las mujeres. Nosotras, por lo general, somos más dependientes sentimentalmente que los hombres. Podemos entregarnos sin barreras a un amor que muchas veces ni cuestionamos. Se trata, en ocasiones, de una especie de ritual insano que nos fuerza a sentir que el mundo gira alrededor de él. Él es nuestra mayor aficción, distracción y felicidad.

Pero tenemos que educarnos a nosotras mismas para mirar más allá. A entender que no por tener otras aficciones lejos de él significa que amemos menos, puede que sea al contrario, de hecho. Debemos aprender a amar de forma más sana (y quizá un poco más egoísta) y, a medida que vas aprendiendo y evolucionando, te vas dando cuenta de lo feliz que esa actitud te hace y de lo que aumenta tu capacidad para apreciar, disfrutar y amar a tu pareja.

El camino es largo y no poco arduo. Con baches, curvas y cambios de sentido que te llevan atrás. Pero es placentero a cada paso, aunque sea un pasito. No sabemos que depara el final. Pero lo sabremos. 

martes, 6 de julio de 2010

Apuntes desde Formentera

Puede que Formentera sea una isla mágica. Puede, también, que cree adicción. Pero lo que es seguro es que te permite saborear la vida de otro modo, aunque sólo sea durante unos días. Es un lugar maravilloso, como sacado de un cuento, o mejor, de una clásica novela romántica. Ahí va un resumen.

Día 2. Formentera, platja de Migjorn.

Piso la arena blanca, disfruto pausadamente del sonido del mar, miro el horizonte, noto como entra en mi interior una sensación de tranquilidad absoluta. Abro mi libro y leo sin prisa mientras llega a mí la brisa del atardecer. Estoy encantada.


Día 3. Cala Saona y Platja Es Pujols.



(Fotos de Es Pujols).

Día 4. Las Dunas Playa.


Los paseos en moto siempre me relajan. El sol y el viento provocado por una suave velocidad agarran mi piel ¡qué sensación! Cierro los ojos y disfruto del momento. No pienso en nada. Nueva playa, nueva maravilla... Las dunas playa. Sumerjo mi cuerpo en el agua, atrapo un caracol del mar y numerosas conchas para mi colección, buscamos un lugar alejado de la multitud. El bikini fuera. El cuerpo desnudo en el agua cristalina es una sensación única. Y para terminar el día ¡¿Qué hay mejor que una puesta de sol?!




Día 5. Playa de Illetas, Illa Espalmador y Faro de Cap de Barbaria.


A lo largo del camino encuentro miles de conchas y pequeñas caracolas. Hoy el sol es muy fuerte, hace mucho calor. Tras el largo paseo llegamos al destino. Hay que cruzar un pequeño 'estrecho' de agua para llegar a Espalmador, una islita casi desierta. Cruzamos alzando todos nuestros objetos a la cabeza para que no se mojen. Es la segunda vez que lo hago y me hace reír.

Por fin, pisamos Espalmador, caminamos hasta una zona apartada, donde el vecino más cercano puede estar a 200 metros. De nuevo, desnuda en el agua, pienso que ojalá está semana no terminase nunca, ¡qué tranquilidad! Noto cómo mi piel ya ha cogido un precioso color tostado, el color de la playa es especial y puede que el que coges en Formentera más. Ya todo lo que tenga que ver con esta isla me parece especial.

La gente aparece envuelta en barro y yo también quiero, dicen que es bueno para la piel, así que vamos en busca de los baños de barro. Cuesta quitarlo, se pega a la piel, pero para desprenderme de ello me sumerjo un buen rato en las aguas transparentes, como de cristal líquido. Ya queda poco para que se ponga el sol.

Viaje en moto hasta el Faro. Una nube impide que veamos el momento exacto en el que el sol se esconde, no hay aplausos. Antes de irnos, construimos nuestro pequeño 'dolmen' (así lo llamo yo), toda la isla está plagada de estas pequeñas torres de piedras que dicen que dan suerte a los que las construyen. Pedimos nuestro deseo.




 Día 6. Ibiza.

Adiós Formentera. Volveré pronto. Otro barco nos devuelve a Ibiza, donde pasamos el día en familia. Comemos en un fabuloso restaurante italiano del Puerto, vamos a una playa que nada tiene que ver con las salvajes y hermosas playas de Formentera. Pero claro, una vez que has pisado el Paraíso ¿qué va a ser mejor? y de madrugada, vuelta a un Madrid lluvioso que aún no se había enterado de que estamos en verano. En resumen, ¡un viaje maravilloso!