martes, 28 de septiembre de 2010

Catarro del copón

Volviendo de nuevo a la ley que rige mi vida (Murphy), he de decir que hoy ha sido un día de mierda.
No suelo tener muchísimas cosas que hacer (recados, como dicen las madres), pero justo hoy, que he tenido que esperar dos horas en la cola de la Escuela Oficial de Idiomas para coger horario, dos horas y media para hacerme el súper DNI electrónico (y eso que tenía cita), veinte minutos para entrar al banco y otros veinte para volver a la Escuela de Idiomas a entregar la documentación, además de las cuatro horas de universidad... hoy, justo hoy no cualquier día... HOY, me he levantado con la garganta como si hubiese tragado chinchetas, con unos mocos que no me dejan respirar, un oído dolorido y con un cuerpo que me pide por favor (y de rodillas) que me meta en la cama y le deje en paz, que él ya no responde por mí... ¡JUSTO HOY! Ibuprofeno en vena, ¡YA!...

Lo único bueno es que me he desecho del DNI anterior, porque esa foto horripilante me avergonzaba... pero es lo único bueno del día... Junto con el puré de verduras calentito que acabo de ingerir (si no fuera por papá...)

Y por fin... ¡Buenas noches!

jueves, 23 de septiembre de 2010

Recomiendo: Un árbol crece en Brooklyn

'Un árbol crece en brooklyn' (1943), de Betty Smith, es una magnífica novela que trata los aspectos más reales y humanos del intento de una familia de principios del siglo XX de salir adelante con los poquísimos recursos económicos que poseen. La prueba de que se puede ser feliz sin tener dinero, aunque sea difícil. Es la historia  del orgullo, el esfuerzo, el valor y el amor. Alegre y triste al mismo tiempo, tan real que te permite vivirla en primera persona: sufrir sus desgracias y disfrutar de sus pasiones.

La narración gira entorno a la vida de la joven Francie Nolan y su familia: Katie, su madre, incansable trabajadora capaz de hacer malabarismos para sacar a los suyos adelante, el esfuerzo y la lucha personificados; Johny, gran padre, gran hombre, gran artista, pero enganchado a un vicio del que no puede desprenderse; Neeley, su hermano menor, tan parecido a su padre físicamente... y la pequeña Annie Lauri, que trae el cambio a sus vidas.

Francie, flacucha, de belleza corriente y sin amigas, vive rodeada de los libros que saca de la biblioteca pública del barrio obrero de Williamsburg, en Brooklyn (Nueva York). Tremendamente inteligente, madura para su edad y fuerte como su madre, pone todo su empeño en llegar a ser alguien. Trabaja para ayudar a su familia, pero sin dejar de lado su último objetivo: llegar a la universidad. A lo largo de los cuatro años en los que transcurre esta obra se aprecia un giro de 180 grados en la vida de los Nolan.

Una maravillosa novela con increíbles personajes, narrada con detalle, tacto y sensibilidad, que no pasará 'sin pena ni gloria' en la vida del lector que caiga en sus redes.

martes, 21 de septiembre de 2010

Caótico ir y venir

Ya empieza otra vez el ritmo frenético. Venimos, vamos, estudiamos, trabajamos... y desde todas partes nos llegan exigencias de rendimiento. Hacer bien tu trabajo, atender en clase, estudiar en casa... y de todos los demás recibimos las quejas por este caótico devenir de actividad.

No somos los únicos, nunca lo somos. Pero ¿vivimos para trabajar o trabajamos para vivir? La eterna pregunta...

A veces podemos tener la sensación de que ocupamos la mayor parte de nuestro tiempo en cosas que no nos producen felicidad, pero ¿qué remedio nos queda? parece que ninguno... quizá la cuestión sea que hay que aceptar lo que nos viene. Total, yo oigo a mucha gente decir -¡Hay que dar gracias por tener trabajo en estos tiempos!-. Ya, ya, si lo sé... pero eso no quita que a veces estemos hasta las narices de tanto ir, venir, volver y volver a ir...

jueves, 16 de septiembre de 2010

Menos embarazos no deseados

Ayer, entre los titulares de algunos medios de comunicación, aparecía la noticia de que los abortos en España habían disminuído por primera vez en 25 años. Nuestra ministra de sanidad, Trinidad Jiménez, se siente satisfecha con este hecho, puesto que una de las causas de las que deriva es la aprobación de la píldora del día siguiente.

Ha sido éste un tema no poco polémico. Me parece una medida positiva, a pesar de que en un primer momento tuve mis dudas. Pero el caso es que no deja de darme rabia esta actitud. La sociedad (no en general, lo sé) se alegra de la disminución del porcentaje de mujeres que deciden interrumpir su embarazo puesto a que ahora podemos acceder más fácilmente a una solución instantánea, pero si nos paramos a pensarlo, es un gran cinismo.

Me alegro, evidentemente, de que haya menos mujeres que tengan que pasar por eso. Sin embargo, me gustaría más, que en vez de sacar leyes para curar, las sacasen para prevenir. Que financiasen los métodos anticonceptivos para que una mujer no tenga que pagar 15 euros cada mes por la píldora diaria o 12 por una caja de preservativos. Para que esos anticonceptivos fuesen accesibles para todas las mujeres independientemente de la edad, los ingresos o la clase social. Está muy bien cortar el hierbajo, pero mucho mejor sería arrancarlo desde la raíz.

¡Y qué decir de la educación sexual! Saber ponerle un preservativo a un plátano (y digo plátano literalmente) no aporta la solución. No se trata de aprender la técnica, eso es fácil. Se trata de que el sexo deje de ser un tema tabú para que, desde la infancia, sepamos los riesgos que tiene y lo que siempre debemos evitar. Igual que sabemos que tenemos que ponernos el cinturón de seguridad en el coche o que tenemos que abrigarnos para no coger la gripe.

Educación señores, y menos cinismo. Dejemos de escandalizarnos al oír "sexo", por favor.

martes, 7 de septiembre de 2010

Miedo

Las personas, unas más y otras menos, tenemos miedo al dolor. Pero por desgracia, no sólo al dolor. Tenemos miedo a que nos decepcionen y a decepcionar. Miedo a no saber. Miedo a no ser aceptados. Miedo a que las personas a las que quieres te fallen o no sean lo que pensabas. Miedo a la soledad... ¡Y a tantas cosas más! Hasta los más valientes, a veces, son miedosos. No se libra nadie.

A veces, nuestros miedos son infundados. El problema de tener muchos miedos es que puedes llegar a vivir tan pendiente de ellos, tan centrado en ellos, que te olvidas de vivir lo demás. No queremos sufrir, pero a veces sufrimos de más sólo por el empeño que ponemos en no hacerlo.

Ayer, una persona compartió conmingo a través de un comentario en el post "Vocacional" un vídeo que me hizo pensar (os recomiendo que lo veáis). Una frase totalmente cierta que me llegó al alma fue:

"Si vives cada día como si fuese el último, puede que un día lo sea"

 Cierto.