lunes, 25 de octubre de 2010

Ataca de nuevo

Estaba yo el otro día dándome una relajada ducha en mi baño después del gimnasio cuando, de repente, la mampara de cristal que evita que se salga el agua se me vino encima. 

*Antecedentes: Ya se habían dado situaciones similares anteriormente, pero una y otra vez mi padre la había vuelto a atornillar con todo su cariño. El caso es que el día anterior había sido la última vez que lo había hecho, y parecía que estaba tan apretada que podías hacer dominadas en la barra que une el cristal con la pared. Y menos mal que no las hice...

Volviendo al presente: La barra, tan bien atornillada, arrancó un trozo de pared para caer sobre mí. Vale que otras veces ya se había desenganchado de su raíl, pero siempre había gente en mi casa que al grito de 'auxilio' acudía veloz a salvarte. Pero esta vez no... esta vez estaba yo en cueros, empapada y dentro de la ducha cuando vi como el cristal se acercaba a mí desde arriba. Puse las manos como pude para que no se cayese, pero de ahí ya no me podía mover. Si intentaba levantarla para sacarla del raíl y apoyarla en el suelo se me resbalaba de las manos (pesa un huevo), pero tampoco podía salir de la bañera, secarme y cogerla, porque entonces se habría caído rompiéndose en mil pedazos conmigo en medio. Y no quiero ni imaginarme las consecuencias.

Total: yo en pelotas, sujetando una mampara y sin poder moverme ¿Qué podía hacer? En mi casa solo estaba la chica joven que limpia y como comprenderéis, no me apetecía gritar su nombre (que encima no sé pronunciar) para que entrase y me viese en bolas, empapada y con un trozo de cristal intentando aplastarme... el orgullo me podía... así que al final opté por cruzar los dedos, tirar hacia arriba, sacar la mampara y 'madre mía, que sea lo que tenga que ser'. Se me resbaló de las manos y cayó bruscamente al suelo, sin romperse... 'uffffffff... de la que me he librado...' y cuando ya creía que estaba todo arreglado, la pobre mujer de la limpieza abrió la puerta (que a mí se me había olvidado cerrar con el pestillo) y me pilló en pelotas. Casi se muere de vergüenza.

Murphy, Murphy... ¡Qué mal nos llevamos tú y yo! ¡Cómo te cebas conmigo! Haberme avisado y no habría arriesgado mi salud física, habría dejado a un lado mi orgullo y habría pedido ayuda... porque para terminar igual ¡Qué más da!

***Nota: Se da en este relato una cierta exageración de la realidad, aunque por desgracia para mí, no mucha.

jueves, 21 de octubre de 2010

Inglis pitinglis

La frase más de moda actualmente es "Sin inglés no somos nadie". Y, nos guste o no, ¡qué gran verdad! Nuestra generación está en un punto de inflexión: pasamos de la casi absoluta ignorancia de nuestros padres en esta materia a la obsesión de las generaciones venideras (y lo que queda).

Lo que parece mentira es que muchos llevemos estudiando inglés toda la vida y que sigamos teniendo ese insuperable nivel medio que es como el Muro de Berlín (que oye, al final cayó). Ese es mi caso real. Ahora, ir a vivir a otro país es la panacea, yo al menos me agarro a esta solución con uñas, dientes y mosquetones y pondré todo mi empeño en hacerlo porque he oído por ahí (tono de misterio) que esta receta médica funciona a las mil maravillas.

Pero me gustaría dejar una reflexión en el aire: ¿Creéis que nos estamos dejando colonizar? ¿Que estamos aceptando la imposición del idioma y no vemos más allá en el currículo de una persona que no sea prácticamente bilingüe, a pesar de toda la formación o experiencia que tenga? (pregunta demasiado larga ésta). Este planteamiento lo expuso hace unos días un vecino mío y me pareció interesante, porque hasta ahora nunca lo había pensado de este modo.

En mi opinión, es una de las grandes consecuencias de la globalización (que para mí es positiva, aunque tiene como desventaja que la riqueza y diversidad cultural pueden correr peligro de muerte). Acepto que sin inglés no somos nadie porque para comunicarnos (me refiero entre países/culturas) es necesario que exista un medio de entendimiento en común. El inglés ha sido el idioma elegido (son muchos los factores que hacen que sea así), pues bienvenido sea.

Pero es cierto que no debemos olvidar lo que es nuestro: entre el catalán, el euskera y los colegios bilingües (ingleses) debemos mantener nuestro interés por cultivar y conservar otro gran patrimonio, el ESPAÑOL/CASTELLANO (que si hay algo bueno en este país, además de la comida, el sol y las castañuelas, es nuestro maravilloso idioma común) ¿Está en peligro? Bueno... no sabría que decir... no sólo está amenazado por la obsesión por hablar inglés, sino también por las 'falsas abreviaturas' causadas por la mensajería instantánea y que habría que intentar evitar en muchísimas ocasiones.

No creo, como mi vecino, que esto sea una evidencia irrevocable. Pero sí que deberíamos tenerlo en cuenta por si las moscas. Es tremendamente importante saber inglés, pero también saber español y respetarlo, cuidarlo y mimarlo.

Y bien, después de este post taaaaaaaan largo y taaaaaaaaaan aburrido, os lo voy a traducir al inglés:

Jajaja.

martes, 12 de octubre de 2010

El sexo importa

¿Qué nivel de importancia tiene el sexo en el hecho de que una relación llegue a buen puerto? ¿Influye?

Hay gente que puede creer que este planteamiento es superficial, pero para mí no lo es. Lo cierto es que cuando una persona se enamora ciegamente de otra, el sexo tiene algo que ver. No todo, pero mucho. Las mejores relaciones suelen disfrutar de unos polvos pasionales y enloquecedores. Unos tenemos más suerte que otros, pero lo cierto es que la química sexual es vital. Cuando estar en la cama con tu pareja te hace levitar y 'tocar el cielo', creédme que te hace sentir más unida a tu pareja (en todos los sentidos, no sólo de forma literal... no seáis tan mal pensados). La primera vez que te acuestas con alguien, sabes perfectamente si hay química o no la hay (si eres compatible sexualmente o no), y por muy bien que haya salido, tiende a mejorar.

Otro tema es qué pasa si la primera vez no hay química. Los más optimistas opinan que todo tiene arreglo, y puede que sea cierto. Como con todo, la práctica ayuda mucho. Pero para mí es como al que no se le da bien cocinar... puedes mejorar mucho, desde luego, pero ya no serás Ferran Adrià (o lo tienes tremendamente difícil); o al que no se le da bien el fútbol: puedes aprender la técnica, pero no serás Messi ni CR7. El tema es encajar a la primera, si encajas perfecto, si no... ponte las pilas y aplícate por que sin el sexo las relaciones están huérfanas, les guste a los más conservadores o no.

Más vale probarlo antes de comprometerse (ya sábeis, no es recomendable la teoría de Britney Spears), que luego dar marcha atrás es más difícil, en todos los sentidos posibles;)

sábado, 9 de octubre de 2010

¡Lluvia cae...!

Esta mañana de sábado, cuando he abierto los ojos y he visto llover, he sonreído. Parece que no debería ser así, pero hay días de lluvia que me encantan, sobretodo si lo que me espera es una tarde intensiva de comprobar datos en un programa informático... así que si yo no puedo salir a disfrutar de una tarde de sol en el centro de Madrid (un plan ideal para mí, por ejemplo) ¡no puede nadie! jaja.

Lo que sí es cierto es que cuando tengo que quedarme obligada en casa estudiando, o estar en el trabajo encerrada, prefiero estos días. La lluvia es preciosa, con ese color azul grisáceo en el cielo salpicado de algunas nubecitas blancas y esas gotitas que te calan hasta los huesos... es incómoda, pero para estar bajo techo y calentito... tiene mucho encanto ¡Y es romántica! Solo hay que ver el final de Desayuno con diamantes, con ese beso mientras diluvia, o Sweet home Alabama, reconciliados bajo una gran tormenta...

Además... Después de la tormenta siempre llega la calma ¿no?

Os deseo un feliz fin de semana (o puente, a los más afortunados).

lunes, 4 de octubre de 2010

De camino a...

Por mucho que corras hacia la parada, si el autobús no viene, no vas a llegar antes al destino. Lo mismo pasa en la vida: Por mucho que tú quieras que pase algo, si no es el momento, no va a pasar.

Muchas veces me veo a mí misma, impaciente, pensando en cómo querría que fuesen las cosas en este momento, en las ganas que tengo de que pase tal o cual, tanto en la vida personal como en la profesional. Pero por mucho que yo quiera que pasen esas cosas, aunque mis deseos sean de lo más profundo, no debe ser el momento, no tengo los recursos ni los conocimientos que me permitirán llegar a mis metas. No me queda otra opción que esperar y, por el camino, poner mi máximo empeño para que, si no puedo adelantarlo, al menos mis deseos no se atrasen. Empeño, esa es la clave que, junto a la paciencia y el aguante, nos puede llevar al éxito.