viernes, 11 de febrero de 2011

Lo prohibido

Ya desde pequeños tenemos muy vivo el sentido del morbo por lo 'no permitido'. Es curiosa nuestra forma de sentir y actuar: cuando de algún modo se nos niega la posibilidad de hacer algo, sentimos una inmensa curiosidad y un deseo escondido de hacerlo. Sin embargo, si de repente nos brindan la oportunidad de elegir, esa cosa pierde el morbo que tenía (o una gran parte).

¿Qué es lo que tanto nos atrae de lo prohibido? ¿Qué esperamos encontrar? Muchas veces, si decidimos hacerlo a pesar de los límites establecidos, nos sentimos mal porque no merecía la pena, se nos cae el mito. Es algo parecido a las fantasías sexuales. 'Me encantaría acostarme con Johnny Deep', pero es más valiosa la fantasía en tu cabeza, lo que esperamos, que lo que luego puede significar realmente. Esos pensamientos tienen la fuerza de la imaginación, no es más que eso, nuestra imaginación ¿Y por qué siempre tenemos fantasías que son prácticamente imposibles? Por que si fuese tan fácil, no serían fantasías.

Pero bueno, también es posible que Johnny Deep sea una máquina en la cama ¿no?... Quién sabe, eso queda en nuestra cabeza...

domingo, 6 de febrero de 2011

Cogito ergo sum

Hay escritores, artistas, creadores, etc. que creen que el dolor es inspirador. No estoy de acuerdo. Al menos no es así en mi caso. La felicidad y el amor me inspiran, sin ellos mi imaginación se esfuma como las ideas del que padece alzhéimer. Pasan por mi cabeza pensamientos que quiero comentar, pero no me da tiempo a agarrarlos y unirlos para poder construir 'algo': son huracanes de pensamientos.

Durante estos días de ausencia he pensado mucho. Me doy cuenta de que es algo frecuente en el género femenino pensar mucho las cosas (tampoco es que lo haya descubierto ahora). Nosotras pensamos, analizamos, buscamos porqué y porqué no, causas, consecuencias... tanto pensar no nos beneficia. Si Descartes defendía la máxima 'Pienso luego existo', yo debo existir mucho mucho.

Igualmente, debo reconocer que en estas escasas dos semanas, cuando han llegado a mi vida cambios inesperados y nada bienvenidos, me he dado cuenta de que he madurado un poco. Me ha sorprendido mi reacción ante el dolor. Con el tiempo he debido hacer costra sin darme cuenta, ya no siento como sentía antes, con esa vulnerabilidad e inocencia. Las experiencias non-gratas nos endurecen, nos ayudan a ver la vida desde otra perspectiva. También nos ayudan a querernos más a nosotros mismos, a cuidarnos y mimarnos, porque al final somos lo que tenemos.

Por primera vez en mi vida soy capaz de desconectar cuando mi cabeza me supera o me hace daño. Simplemente cojo el mando y cambio de canal. Qué satisfacción me produce hacer eso.