jueves, 28 de abril de 2011

El chocolate ¿sustitutivo del sexo?

Dicen que el chocolate es un sustitutivo del sexo... y no entiendo por qué. Parece ser que estimula el cerebro, igual que lo hace el sexo, pero eso son cosas de los científicos, que analizan aquí y allá realidades que las personas normales ni entendemos ni podríamos entender, seguramente. Pero vamos, que haya más actividad en nuestro encefalograma cuando comemos chocolate y que también la haya cuando practicamos sexo... no me parece que sea razón suficiente para decir que uno puede sustituir al otro.


Yo soy un poco más objetiva y no veo por ningún lado la similitud que tienen ambas actividades, por muy bueno que esté el chocolate (¡con leche o blanco, por favor!). Últimamente, me ha dado por comer una barrita al día... y a mí las ganas no se me pasan . A lo mejor es que hay que comer toneladas, para que se te pasen las ganas del atracón que te has metido. Y además, veo ciertas diferencias:
  • El chocolate engorda, el sexo adelgaza.
  • El chocolate afecta negativamente a la piel, el sexo hace que sudemos y liberemos toxinas, por lo que limpia nuestros poros.
  • Con el chocolate siempre tenemos que andar controlándonos, con el sexo podemos repetir (si nos dejan).
  • Para bajar esa barrita de chocolate, hay que hacer algo de ejercicio (puede ser sexo, por qué no) y el sexo es un ejercicio en sí mismo.
  • El placer del chocolate es instantáneo y pasajero, una vez que te lo has comido, se acabó el placer (y llega el sentimiento de culpa). El placer sexual es pasajero, pero relaja los músculos y la tensión del cuerpo.
  • Y lo más importante, al menos a mí, el chocolate no me produce orgasmos (los nachos con queso, a lo mejor podrían :-) y el sexo sí.
Debo reconocer que mi teoría no es 100% verídica y exenta de crítica, porque he leído en algún artículo o post, puntos que defienden lo contrario... ¡pero oye! que por más que lo pienso no lo entiendo.

lunes, 25 de abril de 2011

Tú ya me entiendes

R: No entiendo que las mujeres se acuesten con un hombre en la primera cita.
Yo: ¿Por qué no?
R: Creo que es de ser un poco fresca.
Yo: Yo lo he hecho... [momento de tensión].
R: Bueeeeno, pero a ver, una vez es otra cosa...
Yo: Yo lo he hecho más de una vez.
R: A ver, no quiero decir... bueno, no sé, tú me entiendes.
Yo: mmmmm... no.

(*R es mujer)

C: Me parto contigo, hay un programa de radio en el que tendrías que trabajar.
Yo: ¿Cuál?
H: ¿De qué va?
C: Joder tío, pues es un programa en el que salen hablando tías cachondas de sexo. Muy guarrillas... te ponen bruto.
H: [risa nerviosa, señal de que lo ha captado].
Yo: Ajá, ¿y decías que te parecía que yo tenía que trabajar ahí?
C: ¡Sí! ...No, a ver, no quería decir que tú fueses... no, a ver... bueno, tú ya me entiendes.
Yo: No... yo creo que no.

(*C y H son hombres)

Disfruto muchísimo con las meteduras de pata ajenas (las de este tipo, claro). Sobre todo con los rostros teñidos del color del tomate y las justificaciones trabadas que a veces no hacen más que empeorar el planteamiento inicial... está claro que por muy liberales que intentemos mostrarnos, aún hay muchos prejuicios en el 'binomio' mujer-sexo ¿pensamos lo que decimos o decimos lo que pensamos?

viernes, 22 de abril de 2011

La media naranja

A pesar de ser una enamorada del amor y de defender aspectos en los que, hoy en día, poca gente cree (últimamente, hasta a mí me cuesta), tengo que decir que jamás he creído en las medias naranjas.

Me parece utópico ir por la vida creyendo que ahí fuera hay alguien hecho a tu medida exacta. No, no. Ahí fuera hay tantas medias naranjas como zapatos en mi armario (bueno...mmmm... no sé si tantas). Todo depende de que estés en el sitio adecuado y en el momento adecuado. Y con la actitud adecuada, claro. No es lo mismo conocer a alguien cuando estás soltero, que conocerlo cuando estás en pareja (aunque para algunas personas esto no supone un impedimento). O conocerlo en un día en el que estás más feliz que un regaliz, que conocerlo cuando estás de malas pulgas.

Creer que hay una persona para ti esperar encontrarla es vivir en un cuento de hadas. En el mundo somos muchos y hay mucha gente con la que podríamos vivir una historia de amor, pero no tenemos tiempo suficiente (una vida no es nada) para conocerlas a todas. ¿Os imagináis cómo sería poder probar a todas las personas con las que podríamos tener más de un 60% de compatibilidad según los test de la revista Cosmopolitan? ¿Creéis que, de entre todas, seríais capaces de elegir sin dudar sólo a una? No sé yo.

Esto no quiere decir que una vez que encuentras a una de las posibles piezas que completan el puzle, no quieras quedarte con esa. Vivimos tiempos en los que el vaivén de parejas es constante, pero también las hay de las que duran y duran (ahora no se me ocurre ninguna, pero sé que las hay). Lo que pasa es que la novedad es para nosotros como un caramelo para un niño y, a veces, no pensamos que también 'esa novedad' dejará de serlo algún día. Entonces, o bien optamos por una vida que se asemeje a la película 'Noviembre Dulce' (en la que la protagonista sólo deja que cada hombre pase un mes con ella) o aceptamos que hasta lo que no es novedoso, puede resultar irresistible si sabes mirarlo cada día desde un punto diferente. Y si no te sirve, pues ¡hala! a exprimir una nueva naranja.


sábado, 9 de abril de 2011

Las riendas

Es curioso ver cómo el tiempo nos moldea. El tiempo y las personas de nuestro entorno. Poco a poco, detalle tras detalle, vamos cediendo una pequeñísima parte de nosotros para los demás. Y al final, esa pequeñísima parte se convierte en una pequeña parte, que termina por no ser tan pequeña. Ni siquiera somos conscientes de ello, aunque sí es verdad que en ocasiones nos decimos -Yo antes nunca habría aceptado esto- o -Yo antes nunca habría hecho tal cosa-. A veces, los cambios son para mejor, pero muchas otras veces son cambios que indican que nos hemos 'resignado' o nos hemos 'acomodado'.

Pero un día, tu vida cambia y recibes un empujón. Al principio puedes estar desorientado, sin saber qué hacer... pero una mañana te levantas y te das cuenta de que ese empujón te ha permitido recuperar tu capacidad de análisis y te ha abierto el camino para mirar atrás con perspectiva... y entonces abres los ojos, VES, y dices: -Yo no era así antes ¿En qué momento me he dormido y me he perdido la película?-. Y entonces vuelves a sentir la fuerza y, en algún momento, caminando y caminando, vuelves a encontrarte contigo mismo. Y ya no quieres separarte de ti.

Cuando eres joven, no tienes muchos pasos dados sobre los que volver... pero aún puedes *re-pisar tus huellas, todavía húmedas, y volver a la salida. Y una vez que has recuperado las riendas y te has encontrado, tienes que agarrarlas bien y empezar a vivir otra vez con ellas atadas durante un tiempo, y cada vez que las sientas flojas, gritarte -No pienso perderme otra vez, me quiero demasiado-. Puede que en ese momento ya estés preparado para el 'tres, dos, uno...' y oir el pistoletazo de salida. Aunque ¿Quién puede asegurar que no las perderás otra vez?

martes, 5 de abril de 2011

¿Es íntimo el sexo?

La gente no termina de entender mi teoría sobre que tener sexo, es menos íntimo que hacer cosas como ir al cine, cenar o dar una vuelta. A ver cómo lo explico...

Cuando tienes relaciones sexuales con alguien (ya sea conocido o no), tienes [casi] siempre algo en común, compartes un mismo objetivo: sentir placer. Es decir, por lo general, ambas personas esperan más o menos lo mismo, aunque alomejor lo quieran obtener por diferentes caminos (que pueden ser compatibles y satisfactorios o no serlo, lo que se traduciría en un desastre).

Quizá, el verdadero motivo por el que la gente cree que tener sexo es algo muy íntimo (sin contar, una vez más, por supuesto, a los sectores más tradicionales/conservadores con unos planteamientos morales distintos) es por la 'desnudez'. Existe una especie de vergüenza generalizada, basada en unos valores culturales y sociales (en los que no puedo entrar, aunque dan para mucho), además de estar mezclada con elevadas dosis de 'complejos'. Pero realmente, para acostarte con una persona, no tienes que tener nada en común. De hecho, ni siquiera tiene por qué caerte bien. Sólo basta con que sientas atracción sexual. Durante el tiempo que se extienda esa relación sexual (o 'esas' si tienes suerte), las mentes van a estar 'al lío'. Por supuesto, el resultado no va a ser siempre como en las películas... puedes salir con una sonrisa de oreja a oreja o con ganas de hacer 'voto de castidad'. Mi amigo hippie (que es tremendamente inteligente y analítico) tiene una, cuanto menos, interesante teoría: mantener relaciones sexuales sólo es una forma diferente de relacionarse socialmente (como hablar), pero nos cuesta entenderlo así porque nos han educado con los valores occidentales/católicos (pero claro, es hippie).

Sin embargo, para pasar unas cuantas horas con alguien, tienes que compartir ciertos gustos e intereses o tener, al menos, la capacidad de 'debatir' sobre las diferencias que, sin remedio, van a surgir en las conversaciones. Yendo más allá, podría hasta decir que tenemos que compartir ciertos valores que nos permitan encajar un poco y, siendo más exigentes, hasta cierto nivel cultural (para no sentirte por encima del otro). A veces ocurre que quedamos con una persona y no la podemos soportar, o incluso pensamos 'éste es tonto' y estamos deseando salir por patas. Entonces, no podemos estar agusto con cualquiera... pueden darse los temidos 'silencios incómodos', podemos estar a diferentes niveles o no encajar o tener personalidades que chocan demasiado.

Pero puedes tener sexo y tener un gran feeling físico (y disfrutar de forma salvaje) y después terminar y no tener nada en común con esa persona ni especiales ganas de tenerlo (esto ya en el extremo más negativo).