viernes, 22 de abril de 2011

La media naranja

A pesar de ser una enamorada del amor y de defender aspectos en los que, hoy en día, poca gente cree (últimamente, hasta a mí me cuesta), tengo que decir que jamás he creído en las medias naranjas.

Me parece utópico ir por la vida creyendo que ahí fuera hay alguien hecho a tu medida exacta. No, no. Ahí fuera hay tantas medias naranjas como zapatos en mi armario (bueno...mmmm... no sé si tantas). Todo depende de que estés en el sitio adecuado y en el momento adecuado. Y con la actitud adecuada, claro. No es lo mismo conocer a alguien cuando estás soltero, que conocerlo cuando estás en pareja (aunque para algunas personas esto no supone un impedimento). O conocerlo en un día en el que estás más feliz que un regaliz, que conocerlo cuando estás de malas pulgas.

Creer que hay una persona para ti esperar encontrarla es vivir en un cuento de hadas. En el mundo somos muchos y hay mucha gente con la que podríamos vivir una historia de amor, pero no tenemos tiempo suficiente (una vida no es nada) para conocerlas a todas. ¿Os imagináis cómo sería poder probar a todas las personas con las que podríamos tener más de un 60% de compatibilidad según los test de la revista Cosmopolitan? ¿Creéis que, de entre todas, seríais capaces de elegir sin dudar sólo a una? No sé yo.

Esto no quiere decir que una vez que encuentras a una de las posibles piezas que completan el puzle, no quieras quedarte con esa. Vivimos tiempos en los que el vaivén de parejas es constante, pero también las hay de las que duran y duran (ahora no se me ocurre ninguna, pero sé que las hay). Lo que pasa es que la novedad es para nosotros como un caramelo para un niño y, a veces, no pensamos que también 'esa novedad' dejará de serlo algún día. Entonces, o bien optamos por una vida que se asemeje a la película 'Noviembre Dulce' (en la que la protagonista sólo deja que cada hombre pase un mes con ella) o aceptamos que hasta lo que no es novedoso, puede resultar irresistible si sabes mirarlo cada día desde un punto diferente. Y si no te sirve, pues ¡hala! a exprimir una nueva naranja.


8 comentarios:

  1. Hola Dora,
    Coincido contigo con respecto a que la media naranja es utópica. En realidad es más bien coloquial. Desde mi punto de vista el amor es una constante que radica sin cambiar dentro de cada uno de nosotros y las interacciones sociales son punto aparte. Mi experiencia de vida me ha llevado al punto de afirmar que no es el encontrar a una persona X lo que va a determinar si alcanzamos el éxito en el amor o no. La clave está en el descubrimiento de nosotros mismos a través de la introspección, que sin querer proporcionarle una connotación mística o algo similar es básicamente ver hacia donde no ven nuestros ojos físicos. Que resulta de esto? Nuestra seguridad y estabilidad como personas. Tengo la convicción de que es el egoísmo lo que ciega y no te deja ver hacia el interior. Y es el egoísmo lo que hace que mujeres y hombres permanezcan en desigualdad y no sean lo suficientemente maduros como para entender que no es la posesión de la otra persona como si fuera un objeto sino la aceptación y el respeto del contrario lo que hace que las relaciones te hagan crecer más en la vida. Un cordial saludo desde México.

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  2. Tengo una amiga que cada vez que hablamos de estos temas me dice que no tenemos que buscar ninguna media naranja, que somos lo suficientemente valiosas como para ser una naranja entera. ¿Qué te parece?

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    1. Me parece que tu amiga tiene toda la razón. Sabias palabras... :)

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  3. Esto lo escribía para ser publicado por el día de San Valentín.
    Esta ya un poco desfasado pero las medias naranjas siguen obsesionando absurdamente a muchas personas.



    En alguna ocasión yo escribía acerca de mi incredulidad acerca de la existencia de las medias naranjas. Conversaciones con algunos amigos me llevaron a las siguientes deducciones, he de retomar lo descrito en tal ocasión y explicarlo con algo más de clarividencia. ¡Las medias naranjas existen! Pero…
    Si alguna vez se nos ocurriera desplumar una gallina, debemos saber que si al percatarnos del resultado descubrimos que la triste y desvalida imagen que nos va a ofrecer el desnudado animal no nos satisface en medida alguna, intentar recolocarle las plumas es tarea tan imposible como tratar de unir dos medias naranjas.
    San Valentín, sacerdote que desafió al emperador romano Claudio II allá por el siglo III, lo hizo por su afán de unir a jóvenes amantes que así le solicitaban sus deseos de contraer matrimonio a pesar de las prohibiciones dictaminadas por el Emperador.
    Para configurar una pareja es necesario contar cuando menos con dos… “medias naranjas”.
    Luego, las medias naranjas existen, pero no malgastemos nuestro tiempo y nuestros esfuerzos buscando la perfección en el empalme de la nueva y completa naranja una vez ligados a nuestra media naranja. Lo verdaderamente rentable es tratar de coexistir y perdurar en nuestra convivencia a sabiendas de que no somos más que meras medias naranjas.
    La flor del almendro está considerada como símbolo de amistad y amor duraderos. Esta temprana y frágil flor es de poca durabilidad. Aún así es fuerte y recurrente, no falta ningún año por San Valentín venciendo inclusive las más duras condiciones climatológicas como las que estamos atravesando en estos días de sequedad y frío. El amor y la convivencia en la cotidianeidad de la pareja es algo tan frágil como la propia flor del almendro. La durabilidad en el tiempo habrá de ser producto de la inteligencia con que las personas que compongan la pareja afronten su día a día.
    Tolerancia, respeto, aceptación… han de estar siempre presentes, impregnadas de una muy abundante capa de fresca y rezumante conversación. Todo ello nos valdrá para mantener fresco el corte de las dos medias naranjas. Es evidente que si tratásemos de realizar la unión de las dos medias naranjas y nos encontrásemos el corte a consecuencias del desuso, seco, marchito y decolorado la unión sería mucho más dificultosa y con pocas posibilidades de ni tan siquiera conseguir una temporal y placentera unión.
    Es por todo ello que recomiendo encarecidamente que si a bien han tenido por estas fechas de San Valentín, adentrarle con su pareja a un buen y ejemplar día de celebración, no se les ocurra hablarle del mal llamado deporte rey… que si fuera de juego, que si dentro del área… ¡No por favor! Con toda seguridad será ¡¡¡Penalti!!!... el que le pitará su pareja.
    Éntrenle a modo y manera de bufe libre, ahítense de los sabrosos profiteroles que con tanta atención y simpatía les preparó el campechano cocinero. No se queden ahí… previamente deberán haber consumido las suficientes calorías para afrontar el día más fantástico que jamás hubiera podido imaginar su pareja. Para facilitar la digestión comiéncese con un buen plato de ensalada y al terminar elijan una buena manzana roja de “La Chica” Frutas de la Sierra. Camínele un buen rato juntito a Ella, manténgale… conversación tan sabrosa como los deglutidos profiteroles y les aseguro que el zumo de las medias naranjas, o de los limones que más da, desbordará, alegrará y dará larga continuidad y prosperidad al día de San Valentín.

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  4. Y en el caso de qué sí existieran, ¿Cómo saber si con quién estás en el presente es tu media naranja? ¿Quién no nos dice que pueda llegar otra persona con la que compenetremos mejor?

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    1. Eso nunca lo sabremos... en esta vida todo se va definiendo con las decisiones que tomamos.

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  5. Al igual que se habla de medias naranjas, también se habla de "almas gemelas". ¿Existirán de verdad?

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    1. Bueno, a lo mejor peco de poco romántica, pero diría que no existen tan y como nos las venden en las películas románticas. Obvio que creo que hay personas con las que encajamos especialmente bien, pero ni mucho menos creo que éstas sean contadas.

      Ahora, si interpretas el significado de "alma gemela" como personas con las que cuadras muy bien, sí creo que existen.

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