miércoles, 8 de junio de 2011

Canciones de amor

El lunes estuve en el concierto de un amigo. No había escuchado la gran mayoría de las canciones y muchas de las letras me parecieron realmente sinceras, muy buenas. Mientras estaba ahí sentada, entre las mejores butacas que nos podían tocar dentro del Teatro Häagen Dazs en la madrileña plaza de Jacinto Benavente, no podía parar de pensar en cómo las historias de amor nos inspiran. Las de amor y, sobre todo, las de desamor. También hay un hueco para los encuentros sexuales pasados o los que esperamos que lleguen.

Y es así. Diría que más del 90% de las creaciones artísticas se basan en el amor/desamor/deseo. Hasta los roqueros más duros se dejan seducir por esta musa. Muchas veces apuesto en mi interior por si esas historias estarán o no basadas en experiencias reales de la persona que las crea o si son pura invención. Casi siempre apuesto porque hay algo de verdad en ellas, miramos en nuestro interior y buscamos entre nuestros recuerdos o entre lo que nos gustaría poder recordar pero que no llegamos a conseguir.

Pero por otro lado sé que no. Sé que nuestras mentes tienen una capacidad de invención extrema. No todas las historias son reales ¿O acaso debería creer que Shakespeare se inspiró en alguna vivencia personal para crear Romeo y Julieta? (Espero que no, porque no hay historia de amor más triste y con final más absurdo).

Aún así, no puedo evitar recordar las palabras de un profesor que tuve, que decía que no podemos inventar absolutamente nada que no exista ya, nada que nuestros ojos no hayan visto. Podemos reformar, customizar (palabra muy de moda), renovar, cambiar, cerrar los ojos y dejar crear a nuestro subconsciente... pero todo tiene un nombre. Algo que no tiene una palabra que lo defina no existe para nosotros y no podemos pensarlo.

Es decir, todas las historias de 'amor' tienen algo de realidad ¿no? ¿o todo?

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