miércoles, 15 de junio de 2011

El mito del socorrista buenorro

Como cada año, llega la fecha de apertura de la piscina de la 'urba'. Y como cada año también, las mujeres de cada casa nos preguntamos -¿Cómo será este año el socorrista?-. Madres, hijas y vecinas comparten sus fantasías el día antes, siempre recordando a nuestro querido Mitch Bucanan y rezando para que este año (por fin) sea él quien tenga que quitarse la camiseta y tirarse al agua para socorrernos.

Yo llevo años sin decir nada en voz alta, porque creo que nos trae mala suerte. Pero al final no me ha quedado más remedio que participar para escuchar como todas decían: 'a ver si este año nos toca un tío que nos alegre la vista y que además sea simpático' (sí y que sea licenciado, tenga dinero y un descapotable rojo en la puerta... por pedir...). Con tantas cualidades ¿Qué haría en un puesto de socorrista? ¿Trabajando de sol a sol por 6 euros la hora? Ah claro... ya sé... vendría a vernos a nosotras, a encontrar el amor de su vida o a quitar las telarañas a más de una en el 'cuarto del socorrista' (me consta que esto es una fantasía para muchas mujeres).

Y como cada año, de nuevo, llega la mañana de la apertura. En mi casa todos nos asomábamos a la ventana cada 5 minutos. Mi hermano para ver si estaban sus amigos jugando al fútbol y pegando pelotazos a diestro y siniestro, mi padre para ver si bajaba a mi hermano y... disimuladamente, mi madre, mi hermana y yo (en turnos separados) para descubrir 'la sorpresa', cual regalo del huevo Kinder.

Pues bien, este año nuestro socorrista lo tiene todo: tripa, tetas, calva y mala leche... Es un pack completo que nunca nos habíamos planteado comprar. Mi hermana, en un ataque de sinceridad, decía que creía que un socorrista debía tener cierta imagen (a ver, al menos que parezca que si te estás ahogando no va a intentar sacarte con el palo de quitar los bichos del agua), a lo que mi padre respondía que a él le da igual si tiene tableta de chocolate o no (claro, faltaría más), que lo importante es que haga bien su trabajo... ya, ya... pero si hace bien su trabajo y tiene tableta de chocolate ¡mejor!

Lo que es seguro es que este año no se quiere ahogar ninguna. Atrás quedaron esas bromas de '¡Me ahogo! ¡Hazme el boca a boca!'... ¿Dónde se quedó el mito del socorrista buenorro?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Qué opinas?