miércoles, 27 de julio de 2011

Un paquete exclusivo

Es increíble lo difícil que resulta, a veces, tener la iniciativa para ligarte a alguien. Aunque notes el interés de esa persona, tener el valor de dar el primer paso siempre cuesta. Pero a ella le atraía tanto que no se lo pensó dos veces antes de tirarle los tejos. Y él respondió muy bien al cortejo, mejor de lo que ella había esperado, porque parecía tan tímido…

Le provocó tanto que, sin haber cruzado apenas tres frases, él, que no vivía en Madrid, la invitó a pasar unos días en su casa. Casi todas sus amigas le decían que estaba loca: -¡Pero si no le conoces!-, -¡Pero si ni siquiera te ha llamado por teléfono!- y ella todo el rato respondía: -Pero ¿qué creéis que me va a hacer? ¿Que me va a forzar?-, -Pues sí-, -¿Forzarme? Pero si se me caen las bragas al suelo cada vez que hablo con él… ¡podría hacer palomitas en ellas!-, -Sí, definitivamente quiero que me fuerce-. Era lo que ella necesitaba, algo nuevo, diferente y emocionante. Una historia que guardas para el futuro (y para dar envidia a las amigas, por supuesto).

Ni corta ni perezosa, llenó su maleta de ropa interior sexy (o lo más sexy que encontró en su cajón) y se fue a la playa deseando que él le diese ‘la bienvenida’ (y no precisamente con globos de colores).Y no viajó de cualquier forma, no, si no que se puso su minifalda más corta y unas medias de encaje que pedían a gritos ‘¡Méteme mano, YA!’. Él conseguía sacar la parte más descarada de ella porque provocarle era muyyyyyyy fácil.

Y nada más verle, quiso decirle -Házmelo aquí mismo- ¡Pero qué tío más jodidamente sexy! Y con todo lo segura que estaba ella, notó que empezaba a ponerse nerviosa. Y mientras iban en el coche sólo pensaba -Por favor, que me meta mano ¡Que me va a dar algo!-. Y por fin, sin pensárselo dos veces, él le entró. Y ella seguía sin dejar de pensar en lo caliente que estaba. Y es en ese momento cuando empieza la historia realmente.

Ella se había propuesto ir despacio. Pero no despacio en plan -ve más despacio, por favor, que no estoy preparada-. No, no, más bien: -vamos despacio porque me estoy volviendo loca y quiero disfrutar cada segundo y si vas a toda leche… tengo un orgasmo ahora mismo-. Pero no fue posible. Una vez que la desnudó, ella perdió el control por completo y pensaba -¿tendrá algún defecto este hombre? Por favor, Dios, no me castigues, que no la tenga pequeñita-. Sí, las chicas comentamos con las amigas este tipo de detalles de vital importancia. -¡DIOS MÍO! Voy a llorar de la emoción ¡¡¡Es perfecto!!!-. Ella jamás había conocido a un chico tan dispuesto a dar placer… TANTO PLACER. El recuerdo la pone húmeda (no lo entiendo, quizá necesitaría que él me lo explicase).

Un par de días de sexo intenso, se podría decir. No hay dedos en las manos para contar el número de polvos -¿Será adecuado usar la palabra ‘polvo’?-. Perdieron la cuenta la primera noche, aunque tiene grabado en la memoria la imagen de él, con sus abdominales que parecían de mentira (de la peli de 300), sudando encima de ella o ella encima de él o él detrás de ella o… dejémoslo ahí, no hace falta poner la miel en los labios al público. Perdió la cuenta del número de orgasmos que tuvo… no pasaron más de tres horas sin hacerlo en esos días. La llevó a comer a un restaurante desde el que se veía un acantilado con el falo más bonito que había visto (¡uy! digo faro…), y ella no podía dejar de pensar (sí, otra vez) en lo caliente que estaba... ¿la comida? no, aunque también se come. Y él, con su cara de no haber roto un plato, que jugaba mucho a provocar con sus miradas nada inocentes, la guió hacia el baño más cercano donde, para no perder el ritmo, terminaron enganchados una vez más.

Y poco a poco esta historia iba llegando a su fin. Un final feliz, claro, no podía ser de otro modo, porque si no estás feliz después de haber echado un número incontable de polvos ¿cuándo lo estarás? Y así llegó ella de nuevo a la estación, después de despedirse de él (poniéndose el despertador antes de la hora para poder disfrutar del último ‘nomequedanpalabras’), arrastrando su maleta (esta vez ya con pantalones), con un sueño de la leche (demasiado desgaste físico y poco descanso) y sabiendo que no podría abrir las piernas hasta que sus hijos fuesen a la universidad…

Ojalá ofertaran viajes de este tipo en Atrápalo.com. Creo que voy a patentar la idea.

2 comentarios:

  1. Yo también contrataría un viaje así para mis vacaciones. Quiero a un hombre entregado a dar 'tanto placer'... escasean.

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  2. ¡Toma! ¡Y yo en ayunas!
    Me gustó.

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