lunes, 30 de enero de 2012

Por qué los hombres aman a las cabronas

Estoy en plan rebelde. Pero no es mi culpa... es que a nuestro alrededor todo incita a la rebeldía (Señoría,yo no quería, soy inocente). Por ejemplo, el otro día, leyendo un artículo sobre cómo convertirte en escritor, uno de los consejos que daba uno ya consolidado era: 'para ser un buen escritor tienes que meterte en líos, es la única forma de tener algo que escribir'. Y claro, yo que soy muy obediente [risas] y que quiero ser una buena escritora, me he propuesto hacerle caso (obviamente, meterte en líos no es atracar a una abuela, no es necesario que quebrantéis la ley). Por otro lado están las míticas frases de escritoras feministas como Laurel Thatcher Ulrich: 'well-behaved women seldom make history' (Las mujeres que se portan bien no suelen hacer historia)... ¡Y quién no quiere hacer historia...! Habrá que portarse mal entonces... O las de la provocadora actriz Mae West: 'Cuando soy buena, soy buena; pero cuando soy mala, soy mucho mejor' o 'Las mujeres buenas van al cielo, las malas a todas partes'.

¿Y todo este párrafo inicial para hablar de qué? Pues bien, para hablar sobre una 'guía de comportamiento'. Hace ya unos meses me recomendaron leer 'Por qué los hombres aman a las cabronas' de Sherry Argov (una vez leído creo que debió ser un error que me lo recomendasen a mí). El título prometía, y el antetítulo -guía  sencilla, divertida y picante para la seducción- agoraba pasar un buen rato. Al principio me daba la impresión de que estaba leyendo consejos útiles (y cuando digo al principio, me refiero a la introducción). Sin embargo, a medida que el libro avanzaba me preguntaba ¿¿¿Cuándo se escribió esto??? ¿¡¡En 2008!!? Creía en 1920 ¿Qué película me está contando esta tía?

Por echarle un cable a Sherry diré que la base de todo es que las mujeres tenemos que ser independientes (gracias por el descubrimiento Sherry, no se qué habríamos hecho sin ti). La autora dice constantemente que no abandones tus hobbies, no dejes de lado a tus amigos, no te calles lo que no te gusta, no aceptes todo... es decir, que no seas una sumisa (si no me lo llega a decir ella lo mismo ahora lo sería... ¡qué alivio!). Pero es que Sherry te vende a una mujer súper independiente que no necesita un hombre para ser feliz porque lo es por sí misma y, sin embargo, todo el libro es una guía para 'cazar' a uno a la desesperada, como si no hubiese vida mientras tanto.

Y lo peor son algunos de los consejos tan TAN machistas como el Principio nº 21: [Si un hombre tiene que esperar para acostarse con una mujer, no sólo la verá más hermosa, también tendrá tiempo de apreciar quién es ella]. Resumen: No tienes que acostarte con un hombre en la primera cita ¿Cuándo debes hacerlo? Cuanto más tarde mejor. Si te acuestas muy pronto con él pensará que no mereces la pena. ¿PERDONAAAAAA? Que en pleno siglo XXI tenga yo que leer esto escrito por otra mujer... mira, acuéstate con un chico cuando, donde y como te apetezca, no finjas un papel (ni hacia un lado ni hacia el contrario). Si por esa causa él piensa que 'no mereces la pena', es que es un machista que no te merece la pena a ti.

Durante todo el libro me dio la sensación de que la señorita Sherry jamás se plantea que una mujer puede querer disfrutar del sexo sin necesidad de buscar un compromiso. Es absurdo. Con comentarios como el anterior o con otros como el Principio nº 23: [Antes del sexo, el hombre no está pensando con claridad y la mujer sí. Después del sexo es al revés; el hombre está pensando con claridad y la mujer no]. Ayyyyy Sherry... ¡Cuánto te queda por aprender! Sinceramente, ésta es una perspectiva machista. Yo tampoco pienso con claridad antes del sexo, porque la lujuria (pecado, pecado, pecado para Sherry) ocupa todo mi cerebro, y no soy un hombre.

Y lo peor de todo lo que he leído es que Sherry afirma que cuando un hombre quiere que le hagas la comida (y no esa que estáis pensando), le laves la ropa y se la planches es que está implicado en la relación... porque ve en ti una buena ama de casa... ¡qué tierno! (creo que voy a llorar).
'Aunque sabemos que el hombre se siente excitado por la mujer independiente que no puede tener, va a tratar de convertirte en su mamá. Querrá que cocines, limpies y laves la ropa. Lo que toda chica buena debe saber es que por más que hagas un esfuerzo para ser el ama de casa ejemplar, él va a seguir queriendo que seas una pu tras las puertas cerradas'.
OLÉ.

Para terminar, voy a hacer mi propia guía de comportamiento para la seducción (a la vista está que la puede hacer cualquiera):

- Sé tú misma. SIEMPRE. Si a un chico le gusta, genial. Y si no, que le den (no es el único en el mundo, te lo digo yo).
- Diviértete, riéte, haz todo lo que te apetezca y te guste. Como dice Sherry 'demuestra que tienes apetito por la vida. Por tu vida'.
- Dedícale tiempo a tus amigos, estés soltera o no. Son igual de importantes y te enseñan muchas cosas.
- Sé independiente. SIEMPRE. Si empiezas a dejar de serlo, empiezas a tener una relación insana (también te lo digo yo).
- Aunque suene egoísta, piensa mucho en ti. Nadie lo va a hacer si no eres tú.
- Algo que me gusta del libro de Sherry es el Principio nº 24: Puedes salirte con la tuya diciendo muchas más cosas con humor de lo que lograrías con una cara larga.
- Acuéstate con un chico cuando te de la gana. Bueno, en mi opinión, cuanto antes mejor... polvo que no echas, polvo que te pierdes.
- Sigue el ejemplo de las abuelas. Cuando van a comprar fruta tocan todas las piezas para escoger la mejor. Si no, ¿cómo sabes que era el mejor mango entre los que había?

Y en el próximo episodio... ¿Cuáles son las cosas que hacen irresistibles a los hombres? ¿Se te ocurren algunas?

martes, 17 de enero de 2012

Ni una ceja ni dos cejitas

Existe un fenómeno extraño dentro del amplio mundo de la estética. Más extraño incluso que los ovnis o que el matrimonio entre la duquesa de Alba y Alfonso Díez. O que las cejas de Zapatero, que vienen al caso. Me refiero a la depilación de las cejas masculinas.

Tras una exhaustiva observación, podemos diferenciar entre tres tipos de hombres:
1. El que ni siquiera se las toca (porque no le hace falta o porque le gusta tener sólo una ceja ¡para qué queremos dos si hay criiiisis!).
2. ¡A mí me pone dos, señora! Es decir, el que de forma acertada decide tener dos cejas para evitar el apodo 'CJ' (vaaaaale ¿ha sido muy malo?). Para ello, se depila únicamente los pelos sobrantes.
3. El que se las depila y perfila a conciencia, con ganas, como un ilustrador con su pincel de tinta china.

Vale que cada vez es más frecuente ver hombres que se cuidan. Y es genial, de verdad. Ya no se lleva el macho español peludo y con manos ásperas (yo me depilo y te gusta ¿no? pues depílate tú que a mí también me gusta... ahhhh ¿es un coñazo? pues te jodes aguantas). Pero todo tiene un límite. Por ejemplo, a mí no me gustaría que mi chico tardase en estar listo más que yo porque tiene que depilarse, maquillarse, peinarse , pintarse las uñas, darse mechas o teñirse... NO. Y los hay. Y lo respeto. E incluso hay a chicas a las que les gusta ¿eh? (perdonad, pero ahora no se me ocurre ninguna, a ver... déjame ver... nada).

Todo esto parece exagerado, pero claro, pasamos del retrosexual (el macho ibérico histórico) al metrosexual (que seguro que es capaz de ver un grano a su novia y querer quitárselo) y, después, molaba más el ubersexual (vamos, el típico 'parezco desaliñado y no me había dado cuenta'). Y es que no es plan de competir por la corona de miss universo (que ya nos la quedamos nosotras, gracias). Nos gusta que los chicos nos digan: ¡estás muy guapa!, pero no termina de convencerme la respuesta de: ¡tú estás guapísimo! te veo algo diferente en la cara... ¿te has puesto la mascarilla? No lo veo, no.

Y mira que este es un tema delicado ¿eh? Ahora con la lucha por la igualdad no hay que escupir para arriba... que los chicos también pueden hacerse la pedicura y no pasa nada, igual que las chicas pueden dejarse pelos en las ingles, no hay problema... ¡qué conste!

Aún así, ufffff, necesito decir que la depilación de las cejas me mata y me remata (como la canción de Bosé). A mí SÍ me gustan los chicos que se depilan (a otras amigas no, aunque todas coincidimos en querer entrepiernas sin pelos, apunten), pero no me gustan nada, nada, naaaaaaada los tipos que se depilan las cejas como una chica ¡¡Y es que ni siquiera me gustan las chicas con cejas que casi no se ven!! Cada ceja es un mundo y hay que respetar su forma. Chicos noooo. Cuidarse está bien, pero no dejéis que vuestras novias os engañen... que poquito a poquito, un pelo por aquí y uno por allá cariño, os terminaréis pareciendo a Sara Montiel.

Pero ni Sara Montiel ni, tampoco, Frida Kahlo.

Os dejo uno de mis momentos favoritos de Friends... me reí tanto que casi me desmayo:

lunes, 9 de enero de 2012

Ponme encima de la barra

No se me ocurre un modo mejor de empezar el año con vosotros que con una historia picante...


Una de las fantasías sexuales más frecuentes es tener sexo salvaje encima de la barra de un bar. Es cierto que algunas fantasías, llevadas a la realidad, pueden decepcionar. Pero no es el caso. Como ya sabéis los que leéis el blog de vez en cuando, suelo hacer hincapié en la ropa interior, y en el caso de nuestra protagonista no podía ser menos. Cuando tienes el presentimiento de que una cita promete (y mucho) tienes que prepararte para la ocasión. Una ropa interior llamativa, al igual que unos tacones altos, puede aumentar tu seguridad y hacerte sentir mucho más sexy: el encaje y el color rojo o el negro no nos fallan a las mujeres.

El encuentro prometía ser intenso desde el principio. Cuando una tiene una sensibilidad sexual especial, nota esas cosas. Siente cuando un tío es una máquina en la cama y no suele equivocarse. Porque todo es cuestión de química, ya sabéis. Él cumplía su perfil: alto (muyyyyy alto), fuerte (muyyyyy fuerte), piel oscura (buenos amantes), seguridad y descaro... cuando un hombre encaja en este perfil... no suele fallar (¡ehhh! que hay muchos perfiles distintos).

Mientras se vestía, estaba excitada. No estaba nerviosa, los nervios son para principiantes. Pero cuando las pulsaciones bailan claqué y sabes que no estás nerviosa, es porque estás caliente, porque tu imaginación vuela y tu *deseómetro está que se sale... (o sea, lo que, explicado en términos sexuales, es estar cachondo).

Y así llegó al restaurante. Poco a poco se iba quedando vacío. Y ella bebía en la misma barra en la que se imaginaba follando con él. Toda conversación estaba de más, porque ambos sabían bien lo que querían. Y, por fin, salieron las últimas personas. Verle echar el cierre con sus brazos musculados (¿no son los brazos fuertes jodidamente sexys en un hombre?) fue para ella como escuchar el pistoletazo de salida. Inmediatamente se dio la vuelta, se dirigió a ella y la besó con ganas. Y ella, tan pequeña, era como una muñeca para sus cerca de dos metros de estatura, circunstancia que no hacia más que incrementar el morbo de la situación ¿Te imaginas a un hombre que es capaz de levantarte con el taburete en el que estás sentada sin apenas inmutarse? ¿Te pone pensarlo? A mí sí, desde luego... Cada movimiento hecho con decisión provocaba en ella una especie de descargas eléctricas de placer. Sin esfuerzo la colocó encima de la barra... Y prenda a prenda, la iba desnundando: camisa de seda transparente, zapatos de tacón, pantalones...  ya sólo quedaba la ropa interior que ella había elegido intencionadamente. Y así, él fue recorriendo con sus manos y su boca cada parte de su cuerpo, deteniéndose, como buen jugador sexual, en las zonas clave. Ella se moría de ganas de pasar a la acción, de coger las riendas y de darle placer como él ya estaba haciendo. Y lo hizo. El buen sexo es una lucha de poder: es saber darlo y cogerlo en el momento idóneo, es saber mandar y ser mandado, es saber desobedecer, es saber robar...

Y cuando él entró... ¿cómo se puede describir el placer? ¿cómo lo haríais vosotros? La RAE habla de 'goce, disfrute espiritual'... no, no amigos. Yo hablo de disfrute físico puro. La levantó una vez más con sus brazos y la empujó contra la pared. Y la empujó, una y otra vez... Y así ella llegó a la cima del placer, para después volver a comenzar la subida... esa es la suerte de las multiorgásmicas, un orgasmo no es el fin, sino que puede ser el principio. En la barra, contra la pared, encima, debajo, de pie... y sólo con el sonido de sus respiraciones jadeantes. Encima de él, con el poder en sus caderas, volvió a tener un orgasmo. Y tras éste, él cogió el mando de nuevo. Se acercaba el final... él la levantó y ella rodeaba su cuerpo con sus piernas. Y así, con sus cuerpos empapados en sudor y con las pulsaciones aceleradas por la práctica del mejor ejercicio que uno puede hacer, él llegó al orgasmo.


...Y, tras escribir esto, confieso que estoy caliente. Espero no ser la única...