lunes, 26 de marzo de 2012

Recomiendo: The Hole

"Hay que estar en el agujero... para salir del agujero"

Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tantísimo de un espectáculo (para ser sincera, no he visto nada igual en mis 25 años de vida). Ni siquiera con Zarkana, del Cirque du Soleil, que vi en navidad, y mira que me gustó.

The Hole es una mezcla entre lo excitante del cabaret, lo provocador del burlesque, lo impactante de una actividad circense, lo hilarante de una comedia y el ritmo de un musical. Vamos, que lo tiene todo. El resultado es sexualidad, sensualidad y diversión no apta para paladares que se achanten ante el pecado.

Cuerpos femeninos que quitan el hipo con sus pechos turgentes y sus siluetas voluptuosas y duras (Vinila Von Bismarck es INCREÍBLE, con sus curvas sexis, su piel de porcelana, sus movimientos y una voz que hasta Jessica Rabbit envidiaría); y cuerpos masculinos que... bueno, que querrías que te lo quitasen todo: abdominales que parecen las armaduras de Gladiator, espaldas en las que se puede estudiar anatomía, unos glúteos en los que podrías partir nueces y, en concreto, una buena verga que vuela ante tus ojos en una acrobacia dejándote con la boca abierta (porque en boca cerrada no entran... "moscas"... por eso mejor abierta).

Tangas, ligas, medias, pezoneras, fracs que dejan ver los culos de cuatro divertidos personajes que ponen los pelos de punta con sus voces a capella... The Hole es un placer visual, con una sencilla, pero llamativa puesta en escena aliñada con un magnífico juego de luces que te hacen sentir parte de un club privado parisino de los años 20 (e ilegal por rozar el escándalo sexual). Es también un placer para el oído, con una selección musical brutal, llena de ritmo. Y, por supuesto, el plato fuerte (si es que puede ser más fuerte) lo trae el circo: acróbatas que parecen volar, gimnastas de goma y patinadores que superan todos los límites de la seguridad, te mantienen en tensión durante las dos horas que dura el show.


Y qué decir del maestro de ceremonias (Paco León, Álex O'Dogherty, que actuaba cuando fui yo, o Eduardo Casanova) que guía y une toda la trama contando su relación con una rata (rata real y de tamaño considerable) entre generosas dosis de humor canalla, ironía política y provocación constante... la viva imagen de lo políticamente incorrecto, sin pelos en la lengua. No te deja perder la atención ni un segundo.

Si tengo que poner una nota sobre 10, le pongo un 11. Y si alguien se pregunta si el espectáculo puede excitarte en algún momento diría, sin lugar a dudas, que sí, en muchos momentos. Sobre todo si eres fan del descaro y la osadía ¡Yuju!

lunes, 19 de marzo de 2012

¿Perdona? Creo que no he entendido bien

Ayer recibí este comentario sobre el post Lo Irresistible en un hombre:

Cuando lo leí sentí una puñalada. Seguidamente, me cagué en todo. Después, eché espuma por la boca y despotriqué. Luego me di cuenta de que ''Anónimo'' no había entendido nada (mira que tampoco había mucho que entender) ni tenía sentido del humor (que es algo que debemos cultivar y que en este blog persigo). Tampoco llegué a entender qué pudo llevarle a formar dicha opinión. 

No siempre vas  a gustar a todo el mundo, hay que asumirlo. Y eso es aplicable a todas las facetas de la vida. No a tod@s les vas a parecer un bombón ni a t@dos les vas a caer bien ni a tod@s les va a gustar cómo la/lo chupas (¿¿¿no???). Pero las primeras críticas siempre son las peores (como los primeros polvos, que son de risa).

Pero el comentario era ofensivo y no encajaba con el espíritu del blog ni con el mío. Y no iba a consentir que una persona que sí demuestra ser machista (algo que explico a continuación) me relacionase a mí y a mi trabajo con algo que desprecio profundamente.


Así que esta fue y es mi respuesta:
No soy partidaria de eliminar comentarios porque me gusta (y acepto) que haya opiniones de todo tipo mientras se den con respeto. Con este comentario he dudado. Pero creo que es mejor aprovecharlo en mi propio beneficio.
No sé si es porque no te has leído el post o porque te has equivocado de blog, porque no veo relación entre tu opinión y lo que yo escribo.
Sí, hay personas (hombres y mujeres, muuuuchos) que disfrutamos con los azotes, con que nos tiren del pelo, con que nos aten, nos tapen la boca o nos digan cosas "subidas de tono" (muy subidas), porque nos pone cachondos follar así (no tiene por qué ser siempre) y es respetable. No tenemos ningún problema en reconocerlo porque nos sentimos libres y sabemos que siempre, siempre es un juego CONSENTIDO (como bien especifico en el post). También hay personas a las que les gustan las caricias, los besos, los abrazos y las expresiones dulces mientras ''hacen el amor'' (los primeros pueden también querer esto en otras ocasiones). Y luego hay personas intransigentes que creen que en el sexo sólo hay un camino correcto y un modo correcto y que lo que esté fuera de ese molde merece ser rechazado.
Soy una feminista convencida. Una mujer que sueña con una igualdad de género que, aunque muchos se engañen, no existe aún. Una mujer que sigue esa corriente del feminismo que defiende la libertad de ser una misma, que puede ver porno (¿quién no puede disfrutar de las películas de Erika Lust?), que disfruta de un sexo pleno y libre, que respeta todo tipo de gustos y opciones CONSENTIDAS (aunque no las practique). Una mujer de ideología izquierdista, a punto de terminar su segunda carrera, con muchas inquietudes culturales y que siente asco por el machismo, la hipocresía y los convencionalismos que no respetan abanicos de opciones, sino que se encierran en una sola. 
Ni paso el machismo ni permito que se relacionen mis gustos sexuales (y los de tantos hombres y mujeres) con la violencia de género. Porque soy libre de elegir y porque más machista es aquella persona que cree que una mujer debe ser siempre de la misma manera y que debe cumplir unos requisitos y gustos sexuales. 
Os podéis imaginar que escribí esto muy enrabietada, tanto que sin querer borré el post (CATÁSTROFE), aunque luego lo pude recuperar. ¿Habéis leído Lo irresistible en un hombre? ¿Qué os parece el comentario? Vuestras opiniones, más que nunca, son bienvenidas.

lunes, 12 de marzo de 2012

No es un polvo, es EL POLVO

Espero que todas sepáis de qué hablo cuando me refiero al POLVO. Si no lo sabéis os tenéis que poner a ello con urgencia, no os lo perdáis. Es una experiencia que todo ser humano debe vivir antes de morir (y más de una vez, todas la veces que sea posible). Supera los límites naturales. Va más allá de la frontera del placer.

¿Pero cómo definimos EL POLVO? Cada persona le pondrá unos requisitos, así que ahí van los míos.

1. Imprescindible. EL POLVO es aquel que hace que al día siguiente no puedas ni levantar un vaso. No por culpa de posturas imposibles (propias del Kamasutra), sino porque tienes agujetas hasta en las puntas de los pelos por la tensión a la que tu cuerpo se ha visto expuesta gracias al exceso de placer. Un placer que hace que se te salten las lágrimas con sólo recordarlo (de hecho, creo que tengo ganas de llorar...).


2. Mucho más que recomendable. Suele aportarte varios orgasmos (bueno, vale con uno muyyyy bueno) u obligarte a contenerlo constantemente con el objetivo de llegar al SÚPER ORGASMO (que es aquel que no se puede describir con palabras, sólo con gemidos, lo siento). Te retuerces de placer.


3. Salvaje. Te pone agresiva (bueno, agresividad consentida). Quieres tirar del pelo, morder, azotar, arañar... (cada uno tendrá sus gustos).

4. Inevitable. Te hace sudar como si hubieseis estado follando dentro de un microondas. Porque lo estás dando todo, porque estás a tope.

5. Creativo. Es el que te empuja a pronunciar todo tipo de expresiones cachondas y pornográficas, subidas de tono. EL POLVO te inspira. ''HAZME LO QUE QUIERAS''.

6. Relajante. Te deja sin respiración, exhausto, pero como si levitases después de correrte. Es una gran terapia para los que sufren insomnio o para los que padecen ''mala leche crónica'' (mejor que comer All Bran, seguro 100%) porque te deja suave como un jersey de cachemir, sin asperezas.

¿Recuerdas a alguien? Si recuerdas a varios es que eres muy muy afortunada, amiga. ¿Alguna persona con la que hayas compartido tu mejor o tus mejores revolcones? ¿Con la que hayas tenido una atracción sexual inigualable...? ¡Comparte tus requisitos con nosotras!


domingo, 4 de marzo de 2012

Entre las piernas II: El experimento

Ya hace meses que escribí la primera parte del post en el que compartía ejercicios para fortalecer el suelo pélvico y disfrutar así de una vida sexual más placentera. Pero quería hablar también de las bolas chinas. Y antes de hablar, hay que informarse y probar.

Pregunté a varias mujeres (por desgracia, no conozco a muchas que las usen), busqué información, pregunté en Sex Shops, leí, leí y leí... Y, por supuesto, las probé. Pero como no bastaba con unas cuantas veces aisladas, me propuse usarlas durante una semana completa y, además, me lo tomé como un experimento de excitación personal. Por partes.

Os recomiendo leer este post y este otro del blog intimsecrets sobre salud sexual y sexo en pareja. Hay muchísima información sobre las bolas chinas, pero aquí está muy bien explicada y resumida. Hacer un uso regular de éstas sólo aporta beneficios, pero como cualquier músculo que queramos trabajar, hay que hacerlo poco a poco (nunca pretenderías ponerte como Madonna en un día ¿verdad?): Empezando por unos minutos, con constancia, hasta un máximo de tres horas (yo las tuve cuatro horas porque creía recordar que eran cuatro y no tres. Y ¡Oye! aquí sigo, más contenta que unas castañuelas y sin agujetas ni contracturas musculares).

Mi experiencia personal. Soy un poco bruta, pero he de reconocer que tenía plena confianza en mi vagina por el gran control que tengo sobre ella. Y no puedo estar más orgullosa después del experimento. Durante la semana pasada las llevé entre dos y cuatro horas diarias, cinco días seguidos haciendo mi vida normal sin gran esfuerzo (pero llevo toda mi vida prestando gran atención a mi músculo favorito). Le pondría hasta una medalla si tuviera donde colgársela...
Imagen compartida por la sexóloga Sylvia de Béjar


Placer. Siempre se ha oído hablar de las bolas chinas como una herramienta para la masturbación femenina, pero es un mito. Puedo decir abiertamente que su uso continuado no me ha proporcionado placer sexual, y mira que mi vagina es agradecida. Es cierto que mientras conducía sentí alguna que otra leve descarga de placer (baches, zonas de la calzada levantadas...), al igual que bajando rápido las escaleras. Pero no podría tener un orgasmo con su uso corriente ni saltando a la comba. Las pequeñas vibraciones de cada bola al moverse (ya que tienen dentro otra pequeña bola más pesada que es la que te obliga a contraer la vagina cuando las llevas puestas) son insuficientes para correrse. Me encantaría conocer a alguna mujer que lo haya conseguido para ponerla en mi lista de 'Mujeres admiradas'. Sin embargo, me sirvieron para confirmar que tengo una entrepierna 'cachas'. Una vagina fuerte como Hulk (pero no verde, tranquilos, es dulce como una princesa Disney).

Introducir las bolas en mi interior fue una experiencia fascinante. Debería haber mini-reportajes sobre el tema. Las mías son dos bolas rosas (una princesa Disney, lo que os decía) del tamaño aproximado de pelotas de ping-pong. No entran con facilidad sin el uso de lubricante (pero no lo quise usar porque odio la sensación resbaladiza de los lubricantes vaginales). Por eso tuve que empujar un poco y, de repente, la vagina las absorbió como si fuese una planta carnívora. Como cuando tus labios envuelven un Chupa-Chups al sacarlo de la boca, pero en dirección contraria. Es decir, es tu vagina la que envuelve a las bolitas, que permanecen en la cavidad como si hubiese sido siempre ese su hogar (pura poesía...).

Excitación. Pero hay algo que sí me gustó especialmente y por lo que repetiré la experiencia (además de por seguir poniendo en forma a esta maravillosa amiga que la naturaleza me ha regalado, como si yo fuese su personal trainer). Cómo lo explico. Podría decir que por algo similar (muy similar) a lo que siente un exhibicionista cuando un voyeur le observa. Fue una sensación de provocación silenciosa. Pensar que si la gente de mi alrededor supiera que llevaba unas bolas chinas puestas no les sería indiferente me excitaba. Fui con ellas a la universidad, al trabajo, de compras... Reconozco que la provocación me excita, sí. Obviamente, soy yo la que siente esa provocación, porque cada cual recibiría la información de un modo distinto (¡A saber! lo mismo muchos ni siquiera reaccionarían), pero hacerme a la idea de que sí, me pone.    

Lo que queda claro chicas, o más claro aún, es que debemos cuidar y ejercitar nuestras vaginas, que son potenciales fuentes de placer sin límite. Y debemos hacerlo por nosotras, por nuestra salud sexual, porque aprenderemos a buscar/encontrar/contener los orgasmos para llegar a la cima del mejor de los placeres. El sexo es maravilloso, y con información lo es muchísimo más. Tenemos que convertirnos en conductoras profesionales de nuestro propio placer ¿Os apuntáis?