jueves, 31 de mayo de 2012

Es míiiio, mi tesoro...

Reconozco que soy una persona con unos niveles de paciencia por debajo de cero. Muy por debajo. Y también reconozco que soy cero objetiva, porque a veces me sacan de quicio las mismas cosas que hago yo con toda naturalidad.

Me gusta participar en los planes ajenos. Pero no me gusta que participen en los míos sin previa invitación (y cuando digo previa no digo que te tengan pillado por los huevos, sino que salga de mí de forma voluntaria). Hago bromas que me revienta que me hagan o lanzo comentarios (cual dardos) que, de hacer su recorrido en sentido inverso, se me clavan profundamente (y no esos "dardos" ni ese "profundamente"). Suelo contar cosas a mis amigas que no me gustaría que otros contasen a sus amigos... y dejémoslo en un "etc.".

domingo, 13 de mayo de 2012

Amigas y novios y viceversa


¿Con quién creéis que tenéis más compromiso, con amig@s o con novi@s?

Tras mi prolongada ausencia (porque había atasco... ¡ah no! que eso es lo que digo cuando llego tarde...) por período de exámenes, durante la que he ido viendo cómo las visitas diarias bajaban poco a poco (qué rápido os rendís ¿eh? Nadal no llegó a la cima tirando la toalla a la primera de cambio), me he encontrado en un momento de "Y ahora, ¿sobre qué escribo?". Ya sabéis, el típico bloqueo de artista... [ejem, ejem]. Así que he recurrido a mi "Cuaderno SOS" en el que apunto situaciones que en un momento dado me parecen idóneas para comentar (ese momento puede ser, perfectamente, bajo los [siempre leves] efectos del alcohol y, como resultado, el tema puede no ser taaaan idóneo como en un principio parecía). Pero como dice mi abuela: "A falta de una buena torrija, buena es una galleta de diabéticos".

Proseguiré mi planteamiento inicial con un ejemplo (hablaré para las mujeres heterosexuales porque si no voy a plagar el post de arrobas y de "os/as", pero es perfectamente adaptable). Imagínate que tienes un novio y una buena amiga (pero buena, buena). Si ambos se liaran ¿quién te decepcionaría más? Si miramos el lado positivo (sieeeeeeeeempre lo hay, tenemos que autoconvencernos de ello), te has librado de un cabrón con mayúsculas. Pero ¿y tu amiga? Tu amiga es una zorrona (también con mayúsculas). Tranquila, ya nos encargaremos el resto de amigas de ella. De hecho, una amiga mía (buena, buena de verdad ¿eh?) me ha comentado que existe un mal de ojo que consiste en escribir el nombre de la zorrona en un papel y meterlo en el congelador en un tarro con vinagre blanco (en Internet encontraréis varias versiones... ¡y yo me reía! ¡qué bien me habría venido a mí este hechizo de haberlo conocido antes!).