viernes, 13 de julio de 2012

Educación sexual

Tenía 16 años cuando se me rompió un preservativo por primera vez (y última, porque creo recordar que no me ha vuelto a pasar). Era sábado por la noche y, en ese momento, la píldora del día después la vendían sólo con receta médica. En urgencias no las hacen y no había centros de planificación familiar abiertos (donde las dan gratis). Tuve que llamar a mi madre y contarle lo que había pasado. El domingo por la mañana me llevó a una clínica privada donde nos hicieron una receta. Después no podía faltar la charla sobre sexo (síii, quizá un pelín tarde). Me dio mucha vergüenza, pero menos mal que estaba ella para ayudarme. Durante meses tuve miedo de que me volviese a ocurrir.


Esa semana, fui a un centro de planificación familiar para informarme sobre los  diferentes anticonceptivos. Tuve que asistir a unos cursos en los que te hablaban de las distintas opciones (¿puede ser que tuviera que pasar un examen y todo?). Mi madre venía cada día conmigo y me esperaba fuera. Cuando ya elegí, tuve que contestar a una encuesta en la que ella, por ser yo menor, debía estar presente... ¡qué momento más incómodo, por favor! Me preguntaban hasta el nivel de placer que sentía en mis relaciones sexuales y cada cuánto las mantenía... ¡horrible! y encima mi novio se enfadó cuando se lo conté por decir que sentía un placer medio... ¿qué iba a decir? ¿qué estaba a punto de perder el conocimiento del placer? ¿que me corría sin parar? (tampoco habría sido verdad, por entonces).  

Tras hacerme las pruebas para darme la píldora más adecuada, empecé el tratamiento. Durante un mes aproximadamente, vomité todas las noches. Son los efectos secundarios de los anticonceptivos orales... no a todas les pasa. Y tras todo ese proceso, apenas tenía sexo porque el miedo me hacía perder las ganas. A mi novio del momento no pareció haberle afectado mucho. De hecho, no lo entendió.

¿Y todo esto para qué? Por desgracia, las mujeres tienen las de perder en el sexo. Si falla la protección o si no la usas, pierdes. Si te comprometes a tomar una pastilla cada noche o a cambiarte el anillo cada mes o a pegarte un parche hormonal, sufres los efectos secundarios (retención de líquidos, celulitis... y esto es sólo lo más básico). ¿Y los chicos? ¿Cuántos se preocupan con 15-16 años de esto? No estamos en igualdad de condiciones. Por eso, me parece tan importante la educación sexual.

Hasta ahora, yo defendía que cada vez las mujeres eran más libres sexualmente y, por ello, estaban más informadas. Sin embargo, me apena ver que no tenía razón (o no del todo). Con 15 años, me leí el libro En tu casa o en la mía de Lorena Berdún y me despejó muchas dudas. De hecho, me lo compró mi padre cuando yo se lo pedí (no dijo ni pío, ahora valoro mucho ese gesto). No vale con escuchar dos charlas en el colegio (en cursos en los que, a veces, ya es tarde), es necesario educar desde la infancia y de forma continuada. No convertir el sexo en un tema tabú del que nada se sabe y se explica.

Así pasa que, de repente, te encuentras con chicas de 20 años que no saben que la píldora te protege de embarazos por sí misma (aunque también uses condones para prevenir las ETS). Que no saben qué es una ETS o una citología o que no puedes utilizar la píldora del día después como método anticonceptivo. Que no saben que existen centros de planificación familiar (cada vez menos, una pena) o, una de las cosas más sorprendentes con las que me he topado en mi vida, que si te salpica el semen (se entiende, fuera de la vagina) no hay riesgo de embarazo. Y no me lo invento.

Es curioso que el debate esté en si la píldora del día después se da con receta o sin receta, con autorización de los padres o no, cuando el verdadero problema es que no se está educando sexualmente a los jóvenes para que tengan la capacidad de tomar las decisiones correctas. No todos tienen la suerte que tuve yo de que, a pesar de que no me sentaron un día a hablar de sexo (entiendo que para los padres es difícil decidir cuándo es el momento), siempre lo hablaron con naturalidad y me facilitaron todos los medios para encontrar la información por mí misma cuando mi cuerpo me lo pidió. Me empujaron a tener el interés por estar informada. Es algo que se debe tener muy presente desde niños para que, llegado el momento, seamos responsables.

Como bien decía mi padre: el sexo es diversión, pero también es responsabilidad (y que tire la primera piedra el que esté libre de pecado, que yo soy la primera que reconoce sus irresponsabilidades).

3 comentarios:

  1. Hay algo en lo que lo has dicho que lo has clavado: Las mujeres tienen mucho más que perder.

    Y siempre ha sido así. Por eso la selección natural ha hecho que sobrevivan las hembras que se lo han tomado con más calma y se han molestado en conocer al tío.
    En los tíos es al contrario; han sobrevivido aquellos a los que les bastaba ver una tía buena para saber cómo debían actuar.

    Como somos descendientes de los que sobrevivieron (y hemos heredado los atributos que les hicieron sobrevivir), hombres y mujeres somos muy diferentes en nuestra manera de afrontar el sexo. Simplemente hacemos lo que se espera de nosotros :)

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  2. Aunque haya mucha información (y se tenga), las mujeres siempre tenemos la de perder. Aunque te protejas puedes tener un "accidente" y entonces pierdes tú. Aunque te protejas, hay ciertas infecciones q se contagian, en algunas de ellas sólo pierdes tú. Si tomas anticonceptivos los efectos secundarios van para ti... en fin, así con todo.
    Está bien estar informado pero mejor estar tener la responsabilidad compartida y, sobre todo para los hombres, la conciencia de q ellos son tb parte del intercambio sexual.
    Saludos

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  3. Qué buena entrada. Me ha recordado a mi primera experiencia sexual... tenía 15 años y yo y mi ex nos desvirgamos juntos. Lo malo es que se salió el condón, no nos dimos cuenta y cuando lo vimos era demasiado tarde. Así que fuimos a un centro de planificación familiar a pedir la pastilla. La doctora nos miró con cara de pena y dijo "pobres, la primera vez y os pasa esto...". Y yo, siendo una niña de 15 años, estaba muy asustada. Al cabo de un tiempo se lo conté a mi madre y me dijo que se lo tendría que haber explicado cuando ocurrió...

    Me parece genial que abunde la información hoy en día pero, como tú dices, debería ofrecerse mucho antes. A mi en el colegio me dieron una charla a los 14 años y puedo asegurar que a los 12 yo ya me preguntaba muchísimas cosas. Además, la charla que te dan con 14 años tampoco te orienta totalmente.

    En fin, lo dejo aquí!! Me alegro de haber vuelto por estos mundos y ver que hay tantas entradas nuevas que leer en los blogs que sigo, entre ellos el tuyo :)

    Besos!!!

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