miércoles, 13 de marzo de 2013

Yo mando, tú obedeces


Le até los pies y las manos a los extremos de la cama. Cubrí sus ojos con un antifaz de seda negro y le arreé una bofetada en una mejilla. Gimió. Nos gusta ese juego. Le arañé el pecho y él dijo mi nombre sin poder disimular su profunda excitación. Yo le susurré el suyo suavemente en el oído. Recorrí con la punta de mi lengua su oreja derecha, llegué al cuello y al llegar a su esternón paré. Entre jadeos, me rogó que siguiera. -¡NO!- dije bien alto. Luchó contra las cuerdas, aunque bien sabía que no se iba a poder desatar. Y tampoco quería. Cuando su respiración se relajó, me lo pidió por favor. - Así, sí-, respondí. Tienes que obedecerme. Le acaricié el pecho y, pasando un dedo por sus abdominales, me excité muchísimo. Entonces acerqué mi boca a su piel y besé delicadamente cada parte de su torso.

viernes, 8 de marzo de 2013