lunes, 25 de mayo de 2015

Atada de pies y manos

Fuente: Tumblr.com
A estas alturas, a ninguna lectora o lector de este blog le sorprenderá si digo que soy una persona MUY curiosa. Esa curiosidad es parte importante de mi personalidad. Así que presumo. Y si en algo soy más curiosa, si cabe, es en todo lo que tenga que ver con la sexualidad.

Por eso cuando me propusieron colaborar con el primer número de la revista Boudoir, me lancé de cabeza. Y cual fue mi sorpresa cuando me comunicaron que el tema central de la inauguración sería el BDSM y que yo me encargaría de elaborar un súper reportaje sobre el asunto. Como de por sí el BDSM siempre me ha llamado la atención (más allá de las tundas de azotes de las que disfruto muy gustosamente), me motivó muchísimo y propuse, dentro del reportaje, incluir una crónica en primera persona (podéis leerla si os descargáis la revista, disponible para iPad y Android -y os adelanto que contiene fotos mías durante la sesión-).

Total, que me puse manos a la obra para investigar sobre este mundo sexual tan amplio, tan complejo, tan polémico... que cambia tanto según quien lo trata, según el país, según el ambiente... Entre tanto, se me cruzó la oportunidad de asistir a una fiesta en la que habría un maestro de shibari (bondage japonés) haciendo una demostración. De esto hace ahora justo un año.

Ya había visto alguna sesiónde shibari en fiestas, pero nunca había participado en una. Lo más cerca que había estado había sido en mis juegos de cama con alguna cuerdita, cinturón o pañuelo suave. Nada que ver con lo que experimentaría en esta ocasión.

He de reconocer que estaba un poco nerviosa. Era un sábado por la noche, acababa de llegar a casa después de dos días intensivos de máster, y tocaba vestirse. Justo ese mismo día, había estado hablando con un profesor de mi máster sobre BDSM (se le veía puesto en el tema, pillín) y me recomendó ir vestida con ropa oscura, ya que no había un 'código' establecido (el código sería como 'la etiqueta', por ejemplo, cuero, látex, temáticas de disfraces, etc.).

Me vestí y cogí un taxi rumbo a la fiesta. No sabía muy bien qué me esperaba.

Cuando crucé la puerta (de un piso maravilloso en pleno barrio madrileño de Lavapiés) me entraron las vergüenzas. Iba sola porque mi chico no podía unirse hasta más tarde y las únicas personas a las que conocía se encargaban un poco de la organización, por lo que no me podían hacer de 'niñeras'. Así que me di una vuelta con cara de inocencia, y vi que el ambiente estaba aún un poco frío.

Dentro de la fiesta había: Un salón general, una sala de strip-poker, una sala de masaje, un cuarto oscuro, una sala de juegos BDSM y otra salita donde se haría la exhibición de shibari. Como era pronto y aún la gente no estaba animada, me lancé a recibir un masaje erótico. De esta experiencia (genial), destacaré que me hicieron una especie de masaje del útero a través del sonido que me dejó flipada.

Fuente: Tumblr.com
Y llegó el momento en el que el maestro dijo que iba a preparar su exhibición. Así que sin pensarlo dos veces, me propuse voluntaria (a eso iba). De primeras, cuando había asistido como espectadora una sesión (informal) de shibari, las chicas estaban sin camiseta, pero con pantalones. Así que me pilló por sorpresa tener que quedarme en ropa interior. Pero oye, de perdidos al río. Soy una buena periodista.

Poco a poco, me fui quitando la ropa y olvidándome de la vergüenza. Ya había algunas personas reunidas en la sala para disfrutar 'del espectáculo', y yo siempre he tenido un toque exhibicionista. El maestro me explicó unas nociones básicas de respiración (muy similares al yoga), me dio un par de pautas, me habló de la importancia de tener una buena comunicación entre nosotros y empezó a anudarme los brazos en la espalda.

Cerré los ojos y me dejé llevar. Notaba como la cuerda áspera (cáñamo) me iba rozando la piel y cómo cada vez sentía más presión en el cuerpo, como si un montón de tentáculos me estuvieran abrazando. Brazos, hombros, pecho, abdomen... y me di cuenta de lo importante que era la respiración en esto. Si respiras demasiado profundo, notas como si te faltase el aire porque las cuerdas están tan apretadas que te impiden llenar el pecho. Así que... suave, despacio. Establecí una comunicación íntima conmigo misma que me gustó mucho (estaba completamente metida dentro de mí, controlando mi cuerpo y mis emociones). 

Me tuve que sentar sobre mis talones y ya empezó a dolerme todo. Las cuerdas rodeaban mis caderas, mis muslos, mis rodillas (repito, en el reportaje ¡hay fotos!). Y llegó el momento de la suspensión. El maestro me colgó de una argolla, toda yo atada de arriba a abajo, y el dolor de las cuerdas empezó a ser difícil de aguantar para mí. Se me clavaban en las piernas y en los brazos... ¡qué difícil! El maestro tuvo que corregir la posición de las cuerdas un par de veces por mis indicaciones, y aunque la cosa mejoraba, la sensación seguía siendo intensa.

Abrí los ojos y me vi flotando en el aire. Me gustó esa sensación. De algún modo me sentí importante. Vale que el maestro es 'el artista', pero sin modelo no hace nada. Así que entendí la enorme importancia que tiene la persona atada en este proceso. No es que me fuese completamente ajena, pero lo valoré de verdad cuando me vi metida en el asunto.

Y después de lo que fueron unos minutos de silencio, sin actividad alguna, comenzó a desatarme (el proceso duraría en total unos 30 minutos). ¡¡¡La liberación absoluta!!! Creo que sentí que pesaba menos y todo. El cuerpo se me quedó lleno de marcas de las cuerdas, marcas que durante los días siguientes eran pequeños derrames en línea por todo el cuerpo. Siempre me han gustado las marcas de batalla. 

Me vestí y me quedé charlando con la gente. No me pasó desapercibido desde el principio el hecho de que, de forma bastante general, los hombres tomaban un papel y las mujeres otro. Cosa que confirmé cuando me paré a hablar. Hombres atadores, mujeres atadas. Hombres con el rol de dominantes (dentro del BDSM), mujeres sumisas. Hombres vestidos 'de calle', mujeres vestidas de forma exuberante. Quiero ser atadora, me dije. Quiero ser atada por una mujer, también.

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En el reportaje hablo más en profundidad del ambiente, de mis impresiones y de los roles de género en todo esto. Hablo de mi experiencia (sabiendo que es una en concreto) y cito a una psicóloga, practicante de BDSM, experta en el tema. Así que no me enrrollo con esto, porque es complicado de resumir.

Como conclusiones finales saqué:
  • La importancia de tener feeling con tu atador. Yo no lo tuve (también hablo de eso en el original).
  • El elemento 'confianza' como base de todo. A pesar de la falta de feeling, me sentí segura en todo momento.
  • Saber comunicarte es fundamental (yo hablaba cuando las cuerdas me apretaban demasiado algunos puntos, imagina el valor de esta información). No sólo con la persona que te ata, sino también contigo (surgen muchos pensamientos ahí arriba).
  • Saber más o menos los detalles del proceso (yo no los sabía y me pilló por sorpresa lo de la ropa, por ejemplo) para decidir si quieres participar o no.
  • Saber que EN TODO MOMENTO, puedes parar. Eso fue lo primero que me dijo el maestro. Y tienes que tomarlo en serio. No continuar si realmente no quieres. Aquí lo importante es disfrutar. 
Todo este resumen se queda corto (al fin y al cabo, lo que quiero es que os descarguéis la revista -que es gratis- siempre que podáis, porque el inconveniente es que solo si tienes tablet -iPad o Android- puedes hacerlo).

Después de mi sesión, y ya con mi chico, nos quedamos a ver la siguiente que tuvo lugar con una pareja. Nos resultó tan desagradable personalmente (a la chica le forzaban la mandíbula con una herramienta que parecía de dentista de la Edad Media) que nos fuimos antes de que terminara. Por supuesto, tenía mucho que de qué hablar y había mucho, mucho para reflexionar.

5 comentarios:

  1. Precioso artículo, Dora. Buscaré la app de Boudoir, ahora que la han hecho para Android también.

    Como sabes, llevo en esto del BDSM mucho tiempo. De todas las cosas que tocas, quizás la intrigante sea el papel de los estereotipos culturales de género en decidir si se es sumiso, sumisa, Dominante o Dominatriz. En principio, cada cual elige su rol, no se lo puedes imponer, así que si al final las estadísticas salen sesgadas (y lo están, se han hecho estudios sobre ello), pues mala suerte, qué le vamos a hacer...

    De todas formas, mi trayectoria personal fue la de empezar como sádico y Dominante y al cabo de los años probar los papeles de masoquista y sumiso. Ahora soy lo que se llama un "switch", alguien que cambia de rol según la ocasión o lo que le apetezca... Aunque no alterno roles al 50%, sigo siendo predominantemente Dominante. El probar el rol de sumiso no estuvo exento de conflicto interior, me tuve que enfrentar con problemas de imagen y con las secuelas que el machismo de la cultura había dejado en mi mente. Pero al final lo viví como una liberación. En el mundo BDSM se ha criticado y se sigue criticando a los switch, un poco como pasa con los y las bisexuales en el tema de la orientación sexual. Yo veo en eso algo de miedo a verse (o ver a tu pareja) en el otro rol. En resumidas cuentas, yo veo el BDSM como un mundo a explorar, un camino a recorrer, no como la expresión de un rol (Dominante o sumiso) que sea una parte esencial de lo que somos.

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    1. Efectivamente, el BDSM es un camino a explorar... ¡y qué camino más interesante y complejo al mismo tiempo!

      En cuanto a los roles, es algo sobre lo que termino hablando mucho últimamente en conversaciones. El hecho de que haya un porcentaje mucho mayor de mujeres sumisas (o de mujeres a las que nos pone el rol sumiso) para mí no es casual.Creo que tiene que ver con cómo nos han educado (ya sabes, nuestro eterno debate) y con el rol de la mujer en la sociedad. Pero ¿es por ello malo? No, ni mucho menos. Reflexionarlo no está de más, pero una vez reflexionado, discutido, debatido... cada unx que se posicione en el papel que más le haga disfrutar.

      Yo sé que me encantaría probar el rol de dominante, el rol de atadora... pero también intuyo que no me pondría tanto. Estaría más en 'modo racional' y menos en modo 'dejarme llevar'.

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  2. Dora, eres muy curiosa ¡y muy valiente! Yo no me considero precisamente una mojigata, y no me dejo atar en público ni loca, ¡vamos! ;-) Enhorabuena por esa experiencia.
    Me gustaría leer el artículo original, pero no tengo iPad ni Android. He intentado bajarlo en el iTunes del ordenador, pero no puedo leerlo, ¿hay alguna otra posibilidad?
    Un abrazo, guapa, y me alegro que sigas al pie del cañón. Yo he estado algo desaparecida pero... ¡aquí estoy! ;-)

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    1. ¡Zenia! ¿Me escribes un correo electrónico y te digo?

      Un beso :-)

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  3. fui curiosa ahora disfruto mas la vida sin curiosear
    un abrazo

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