lunes, 22 de junio de 2015

La vagina no es un agujero negro

Fuente: Google
Repite conmigo: La vagina NO ES UN AGUJERO NEGRO. Si ya lo sabías, te invito a pregonarlo. Puede que te parezca un ejercicio absurdo, que esto es de sobra conocido. Pero si piensas así, te diré alegremente que te equivocas. Al principio, esta idea de que la vagina es un agujero en el que 'se pueden perder cosas', me parecía aislada, un acontecimiento puntual. Pero con el tiempo he llegado a la conclusión de que lo que es aislado y puntual es conocer bien tu propia vagina.

Empezando por el principio, vamos diferenciar entre vulva (la parte externa de los genitales que incluiría labios mayores, labios menores, entrada de la vagina y el Santo Clítoris) y vagina (la parte interna). Esta explicación puede parecer obvia, pero de nuevo NO LO ES. Como anécdota para demostrarlo, contaré que hace un año fui ilusionada al teatro a ver Los monólogos de la Vagina (una obra teatral conocida mundialmente) y nada más empezar, me di cuenta de que llamaban vagina a la vagina y a la vulva indistintamente (para muestra, la frase 'me depilo la vagina' que pronunciaron mientras yo me removía con horror en mi asiento).

Continúo. Me paso el día hablando de la importancia de conocer nuestra vagina y nuestra vulva como si fuésemos sherpas (a mis amigas, a mi familia, a quien me encuentro, a quien me escuche...). Es fundamental de cara a saber reconocernos y explorarnos para controlar su buen estado, pero también es un ejercicio de empoderamiento porque supone hacernos dueñas y señoras de nuestro cuerpo. Vamos, que mirarse el coño también es un acto político, oiga (no sé si por decir esto me harán dimitir de algún cargo que tenga yo por ahí).

Pero me doy cuenta de que eso de autoexplorarnos no es tan común como debería ser (¿de verdad alguien puede vivir sin mirarse entre las piernas?). Otra anécdota. El otro día fui a mi revisión ginecológica anual y me animé a preguntarle a la matrona si me dejaba sacar mi espejo para ver la exploración. ¡Cuál fue mi sorpresa cuando me dijo que era imposible que lo viera! Por supuesto, le contesté amablemente que no solo lo había hecho más de una vez, sino que había llegado a hacerme una foto de mi cuello de útero. Flipó y calló (a mí no me engañas, chata). Pero no pude sacar mi espejito mágico. Me cachis.

Así, con el analfabetismo genital triunfante, ocurre lo siguiente: Se convierte en cultura popular la idea de que podemos perder 'cosas' dentro de la vagina. 'Cosas' que, para sacarlas, tiene que intervenir un profesional de la salud. Y cuando digo 'cosas' enumero todo lo que me han dicho directamente que se podía perder: Tampones, preservativos, copas menstruales, balas vibradoras, vibradores pequeños, bolas chinas, gente...

Y llegó un día en el que de tanto preguntármelo me hicieron dudar (venga vale, NO). El caso es que para desmontar este follón con conocimiento de causa, me senté con una matrona a la que admiro por el trabajo que hace por extender conocimiento entre las féminas sobre sus cuerpos serranos. Y le dije, -oye Cris, mira, últimamente vengo pensando sobre este tema que sale en muchos de los talleres o sesiones y necesito que me des unas pautas concretas para poder convencer a las mujeres de que no es así- y nos liamos a hablar.



Tenemos capacidad de extraer cualquier cosa (a ver, si se os ocurren cosas rocambolescas no me hago responsable) que introduzcamos en nuestra vagina, porque esta 'tiene su tope' (no es como el ano, que tiene detrás metros de intestino y por eso es fundamental que los objetos que usemos tengan ese tope que impida que 'se cuelen'). El fondo de la vagina es el cuello del útero, parte que podemos tocar metiendo los dedos hasta el fondo. El cuello del útero es, a su vez, por donde baja la menstruación y sube el esperma (es importante decir que los dibujos no son del todo realistas, ya que podría parecer que por ese agujero se puede colar algo y no).

Cierto es que la vagina puede ser más o menos profunda y que es flexible. En reposo es más estrecha, por ejemplo, y cuando estamos excitadas está más distendida. Por eso puede ocurrir que haya mujeres que no lleguen a tocar el fondo de su vagina con los dedos. He aquí la cuestión. Que no llegues no quiere decir que vayas a perder a nadie ahí dentro.

La clave está en que una parte importante de la población femenina no se siente cómoda metiéndose los dedos hasta el fondo. O tiene miedo o piensa que es malo o sucio... producto de una mala o inexistente educación sexual (más conocida como educastración). Así que mucho menos van a meter sus dedos 'en busca y captura' de un objeto. Por lo tanto, van al médico, que eso está exento de culpa (en algunos casos ni eso).

Y es que no nos han enseñado a conocernos, a mirarnos entre las piernas. No nos han invitado en el ginecólogo a mirarnos a través de un espejo ni nos han animado a comprarnos un espéculo en la farmacia para explorarnos en casa tranquilamente ¡y mira que es fácil y valiosa esa información!

El caso es que si metemos algo y nos cuesta sacarlo... ¿qué hacemos? Bueno. Lo primero no ponernos nerviosas señoras, ¡porque la vagina NO ES UN AGUJERO NEGRO! Nos relajamos (si tenemos que usar alguna técnica de relajación, lo hacemos). Activamos nuestra zona pélvica (cuanto más trabajada la tengamos, más fácil) y empujamos hacia abajo. A la vez que perdemos el miedo a meter los dedos libremente en nuestra vagina, ¡que no muerde! De este modo, relajadas, apretando el suelo pélvico y metiendo nuestros dedos exploradores como expertas tenazas... ¡rescataremos el objeto que creíamos perdido!

Así que, repite conmigo, LA VAGINA NO ES UN AGUJERO NEGRO.

¡Pongamos la luz del conocimiento entre nuestras piernas y abrámoslas bien para mirar sin pudor ni vergüenza!

4 comentarios:

  1. Hay gente que se asusta de que use copa menstrual (no me vaya a salir por la boca). Con eso creo que está dicho todo.

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  2. Lindo post. Parabens.
    Beijos meus
    Morris

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  3. Me están ayudando más tus articulos que los sexólogos me parece.

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  4. Me están ayudando más tus articulos que los sexólogos me parece.

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