lunes, 25 de enero de 2016

Los que se pelean (no) se desean

Fuente: Tumblr.com

“Los que se pelean se desean” me parece la mayor gilipollez que nuestro idioma ha creado. También la más perversa y peligrosa. Hemos crecido en la ‘romántica’ idea de que el amor es doloroso, el amor hace llorar, las peleas son sexis y que te quiten el sueño es la cosa más pasional del mundo.

Basta.

No lo digo yo solo, por suerte. Cada vez son más las personas que se rebelan contra esta manida idea del amor como una dolencia, más que como algo que disfrutar, un chute de energía positiva.

Las malditas pelis y las canciones de amores frustrados (por no decir las novelas obra de autores que terminaron suicidándose –Y NO ME EXTRAÑA-) son como un virus de los que se instalan en el ordenador sin darte cuenta y te terminan robando tu identidad.

A veces río por no llorar. Anoche fui al teatro a ver la obra de un (según me dijeron) reputado director –no estoy yo muy puesta-. La sinopsis me pareció interesante. Él confesaba que su obra había nacido de su divorcio el año anterior, que le sumió en una profunda depresión que no le dejaba respirar. 

Hasta ahí, todo lo bien que puede estar una situación así. Pero luego toda la historia, que pretendía ser cómica, hacía una representación de lo que son las relaciones humanas de lo más tóxica, retorcida e insana. Encima, usaba el poliamor (mal entendido) como la solución al problema de una baja autoestima y de una mala comunicación de pareja. 

Y mira, no. Con lo que cuesta meter en la escena de la vida la diversidad, no vamos a dinamitarla en dos segundos. Porque si no sabes comunicarte con una pareja, no pienses que si tienes tres va a ser más fácil.

La gente se reía a carcajadas y lloraba otro tanto. Empatizaban con la historia y yo estaba aterrorizada porque me di de bruces una vez más con la realidad de que la gran mayoría de las personas entienden que el amor es eso. El amor es esa emoción que se sufre y que te mantiene en una especie de estado catatónico hasta que consigues ‘curarte’ y vuelves a la realidad de la soledad. Qué-pereza. QUÉ-PEREZA.

¿Cómo es posible que nadie se plantee poner en duda toda esta mandanga que nos han metido en vena? ¿Cómo es posible que nadie piense que si el amor debería ser algo sano, debemos hacerlo sano? ¿Cómo es posible que, como en todo, no nos hagamos responsables de vivir la vida feliz que nos merecemos vivir? ¿O es que no creemos que merezcamos esa felicidad, ese amor alegre? Quizá sea eso. Que creemos que merecemos vivir amores de mierda y por eso los recibimos con los brazos abiertos.

Me niego. Ayer me decían que claro, yo pensaba así porque no me han pasado cosas malas. JA. Por supuesto que he vivido amores de mierda de esos que te convierten en Pablo Alborán. Casi ocho años de hipnosis, ceguera e imbecilidad. Y precisamente por esa razón sé que ESO no es amor para mí. Que ESO no lo quiero en mi vida y que ESO depende de nosotrxs. Está en nuestra mano dibujar la idea del amor que más nos apetece vivir y esforzarnos porque ocurra. Y si las cosas siguen un camino que no nos mola un pelo. ADIÓS.

Y para los que necesitan ver la cara negra de la vida, también tengo repertorio. Por supuesto que no todo es un camino de rosas, que no todo va a ser fácil, que vendrán conflictos y podrán caer lágrimas. Pero os aseguro que si todo el tiempo que dedicamos a lamentarnos lo dedicásemos a construir una autoestima fuerte, estaríamos más que preparados para sobrevivir y gestionar cualquiera de las batallas que nos presenta la vida. Un par de lágrimas están bien, pero llorar mares, llorar ríos, etc. es solo para poetas.

4 comentarios:

  1. Es un tema que me preocupa últimamente. De hecho, hace poco escribía sobre esto en mi blog

    http://sexocienciaespiritu.blogspot.com/2015/12/asi-maltratamos-nuestra-pareja.html

    El problema es que no es sólo cuestión de tener una alta autoestima, sino de desmontar una serie de conductas que la cultura nos ha inculcado que son normales en la pareja cuando en realidad hacen mucho daño. De alguna manera, cuando se forma la pareja se pasa un cierto umbral en el que empezamos a creer que tenemos permiso para hacer estas cosas, y ha partir de allí se empieza a estropear todo. ¿Cuáles son esas cosas? ¡Pues un montón! En mi artículo hago una lista de 18.

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  2. Para mí el problema no es de las películas, ni los libros, ni las canciones. El problema es de la gente que se lo cree, que lo toma como ejemplo de conducta. Son ficción, pueden estar basados o inspirados en hechos reales, pero es ficción. Falta educación y saber poner una barrera entre lo real y lo irreal. Hay historias que me cabrean, claro, pero desde que tengo los límites bien claros, disfruto muchísimo más de las creaciones. Y para mi vida tomo ejemplos que sí pueden ser válidos (que sean los correctos o no, ya es otra historia :))

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  3. Que pena creer que el amor es doloroso, pienso que tiene que hacerte feliz y sonreir, aunque tambien haya momentos duros, pero esos en concreto tienen que ser los que desaparezcan.

    Me ha encantado tu reflexión y estoy muy de acuerdo contigo.

    Besos.

    Lunna.

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  4. "Los que se pelean se desean" me parece una frase de la infancia, de cuando somos críos y lo único que sabías hacer para llamar la atención de alguien era pincharle, por que lo contrario era vengonzoso (al menos entre niños). Pero sí es cierto que lo tormentoso vende, quizás haciendo creer a la gente que lo auténtico es eso, y es una gran gilipollez. Recuerdo a una tía mía maravillarse con la historia de amor de Doctor Zivago, y yo decirle: "¿pero estás tonta?". Ciertamente su vida amorosa ha sido un poco tormentosa, sería por eso, pero de sano, nada de nada.
    Yo he estado mucho tiempo solo y quizás haya ayudado que si no es para bien, no quiero a la gente a mi lado. Claro que todos hemos sufrido, nadie es infalible, pero se aprende (o se debiera). Estoy de acuerdo contigo, no sé si es autoestima o que la gente no sabe estar sola, pero si la pareja no es para bien, lo mejor es empezar otra cosa (solo o acompañado).

    Ojo con los poetas, que no sólo lloran a mares jajaja

    Hacedor

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