martes, 10 de mayo de 2016

El soplapollas cotidiano

Mario Casas, el prototipo de macho man
En serio. Tengo la necesidad imperiosa de entender qué pasa por la cabeza de un hombre cuando se siente con el derecho, en plena calle, a plena de luz del día, de lanzar juicios sobre tu cuerpo de mujer.

Tu puedes ir caminando tan tranquila, mirando al frente, al suelo, a la pantalla de tu móvil... ¡o en las putas musarañas! De repente, ves que un grupo de hombres de mediana edad se van a cruzar contigo por la acera estrecha, y dentro de ti nace la certeza de que “algo tendrán que decir”. Por supuesto, no te equivocas. Y al final, das por hecho que es algo así como un impulso biológico que brota bragueta arriba.

Vaya, no siempre son improperios sexuales. Que también los hay. A veces es solo un comentario, un “¡Morenaaaa, te vas a mojarrrrr!”, porque llueve. Pero claro, eso no se lo dicen a un hombre. No es código de conducta entre maromos. A ellos no tienen nada que decirles, no se les enciende la bombilla creativa cuando se cruzan con un tío como ellos bajo la lluvia. Es el estatus de macho man.

Sin embargo, A NOSOTRAS SÍ JODER. Necesito entenderlo. ¿Alguien tiene una teoría? ¿Algo que dé luz a esta duda existencial que me corroe? Y es que encima parece que tenemos que aguantarlo como si fuese normal, como si nosotras hubiésemos venido a este mundo a aguantar a mamonazos poseídos por su propia testosterona. Qué bordes somos, qué rancias. Qué INSUFRIBLES... que no podemos soportar vuestra verborrea fuera de lugar.

Respecto a los improperios sexuales... sí, chicos. EXISTEN. Todas los hemos sufrido. Y no es cuestión de ser más guapa, más fea, más alta o más baja. De tener más tetas o menos. Siempre, siempre, SIEMPRE hay calificativos en el diccionario PARA NOSOTRAS. Que es que lo estamos pidiendo a gritos. Que es que no podemos vivir sin esos juicios sobre nuestros cuerpos que poco más y nos salvan de una existencia sinsentido.

Lo peor, hombres, es que no hace ni puta gracia. Que nosotras nos hayamos tenido que acostumbrar a pasar miedo, a desconfiar, a apartar la mirada de los gilipollas, a hacer oídos “sordos” por no discutir (no vaya a ser que nos estemos buscando algo peor). Pero ni puta gracia.

Yo, personalmente, estoy hasta el mismo coño de que mi cuerpo sea considerado “opinable”. Tus comentarios, hombre de la calle, me sobran ENORMEMENTE. Cada vez que os dirigís a mí (si no es para pedirme la hora) pienso que sois unos verdaderos soplapollas que necesitáis descargar vuestras frustaciones de macho sobre nosotras para sentir que sois alguien, porque en el fondo no lo sois ni en vuestra casa. Que os la pique un pollo, chatos.

Mujeres, no agachéis la cabeza. Responded a grito pelao’ si hace falta. Ya está bien de pensar que tenemos que aguantar que cualquier inútil se dirija a nuestros cuerpos sin permiso y sin venir a cuento. Yo quiero caminar por la calle TRANQUILAAAAA.

Y si alguien tiene que opinar soy yo, que opino que sois unos ACOMPLEJADOS. Lameos vuestras heridas de macho ibérico y dejadnos vivir.

Entrada publicada originalmente en mi página de Facebook: https://www.facebook.com/notes/la-pluma-de-pandora/el-soplapollas-cotidiano/

6 comentarios:

  1. Una vez iba mi mujer conduciendo por Los Ángeles con nuestra hija en el asiento de atrás. En un semáforo se paró a su lado una camioneta llena de trabajadores mejicanos, que enseguida se pusieron a hacerle muecas y decirle cosas en español."¡Ya empezamos!" pensó ella. Pero cuando miró hacia atrás, se dio cuenta de que nuestra hija, que tenía dos o tres años, le estaba haciendo muecas a los mejicanos. Ellos le hacía carantoñas a la niña, no a la madre.

    No quiero disculpar con esta historia la conducta francamente machista de muchos hombres, sino señalar que el que perfectos desconocidos te aborden en la calle depende de varias asunciones que varían de una cultura a otra. Por ejemplo, suele estar bien visto pararse a admirar a un bebé y a hacer comentarios que a veces meten la pata. Por ejemplo, el comentarista de sexo Dan Savaje decía en el día de la madre que cuando va con su hijo por la calle lo paran las mujeres y le preguntan al niño "¿Dónde está tu mamá?" Pues resulta que el niño tiene dos papás y ninguna mamá, y esa preguntita le rompe los esquemas.

    Así que el que un extraño te aborde en la calle puede o no ser ofensivo, dependiendo de cómo se haga. Por supuesto, el piropo tiene carácter sexual. Pero esto no estaba mal visto en un tiempo o en unas culturas en las que para encontrar pareja salías a la calle. No había ni OKCupid ni Tinder, así que había que apañárselas de otras formas. En Andalucía se practicaba el piropo y el contra-piropo, un especie de batalla verbal en la que, si era ingeniosa, solía ganar la mujer. Esto se puede ver en los diálogos de algunas zarzuelas y en canciones antiguas. Hay quien encuentra el piropo ofensivo y quien lamenta que se pierda como fenómeno cultural. Yo creo que es cierto que la batalla contra el piropo es una intrusión de la cultura anglosajona y puritana en la cultura de las sociedades mediterráneas. En EE.UU. se manifiesta como choque cultural entre los angloparlantes y los inmigrantes sudamericanos. Por eso, algunas campañas contra el piropo han sido denunciadas como racistas. Por otro lado, también es verdad que en esas culturas latinoamericanas y en la española existe mucho machismo y agresión a la mujer.

    El piropo también se hace a los hombres. A mí me han piropeado varias veces: unas chicas en el metro de Madrid, un gay en las Ramblas de Barcelona y, en inglés y más discretamente, en la Folson Street Fair de San Francisco (una fiesta pública BDSM). La verdad es que en todas esas ocasiones me gustó. Me hizo sentirme bien que a alguien le gustara mi aspecto físico, aunque la atracción no fuera recíproca.

    En resumidas cuentas, yo creo que todo depende del momento, de las formas y de las intenciones.

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    1. Relatas hechos puntuales y no eres victima de la cultura de la violación así que no entiendes lo que se siente, yo he recibido comentarios negativos por ser blanca y no voy por ahí diciéndole a los negros que no hay para tanto.

      Y cuando un señor de 50 años me dice que qué cachas tengo no creo que su intención sea cortejarme con el fin de casarse conmigo.

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  2. Yo tengo una teoría: esos imbéciles no se hacen suficientes pajas, porque de follar ni hablamos... comparto plenamente tu opinión, que se la pique un pollo a ver si se relajan y nos dejan en paz.

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  3. puessssssss, a mi el Mario Casas, me puede decir lo que quiera.
    He llegado a una edad, que en vez de molestarme, me sube, y me pone.
    Juas.

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  4. Hola, soy Pandora Verdandi y me gustaría dejarte una invitación muy especial a mi jardín del Edén. Espero que tu curiosidad sea grande y que pases a tomar una taza de té conmigo algún día. Un fuerte abrazo desde Los delirios de Pandora

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  5. Y cada vez más. Parece que ese machito español ha vuelto, si. Repleto de actitudes que son denigrantes para la mujer. Quizá sea porque un sector femenino les deja actuar así. ¿Estamos ante un retroceso de los derechos y reivindicaciones de la mujer? ¿O me lo parece a mi?
    Sensacional artículo.

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